Coyuntura en Venezuela y polarización mediática en Colombia
Cuando el periodista venezolano Roberto Denis estuvo de invitado en Señal Colombia me expresó que la polarización en Venezuela obedecía más a una interpretación desde afuera que a la realidad interna. Venezuela sufre por unas condiciones cada vez más adversas y como agravante, de extremas simplificaciones por parte de los medios de comunicación, por eso su idea me pareció tan valiosa, aportaba un matiz donde sólo parece haber absolutos. El argumento de Denis me pareció contundente, por lo que procedo a explicarlo en dos caras de una misma moneda: en Venezuela no hay una polarización, es más, existen los consensos mínimos sobre la necesidad de una reforma política, una transición económica y un levantamiento de las sanciones (que además son ilegales); y de otro, así como no existe dicha polarización en la interna de Venezuela, en el resto de la zona sí hay una división total y los reduccionismos contribuyen a una polarización en la que se cree que el tema pasa por tomar partido y todo se divide maniqueamente a una división entre buenos y malos. El tema polariza más afuera que adentro, sobre todo en países como Colombia donde hay tanto en juego. En territorio colombiano no pocos apuestan por una guerra en el vecino.
Señal Colombia y la Radio Nacional del sistema de medios públicos) han intentado un cubrimiento que incluya a todas las voces (incluidas las de la oposición
En esta compleja coyuntura en que la Nicolás Maduro tomó posesión para un nuevo mandato, los medios hegemónicos decidieron cubrir el evento abusando de los lugares comunes, otorgando crédito a versiones sin asomo de comprobación y dando por descontando todas las versiones de la oposición. El supuesto secuestro de María Corina Machado que no se terminó de esclarecer es síntoma de todo lo anterior. Colombia es un país muy sensible a todo lo que ocurra con su vecino. Los medios llevan semanas proyectando perfiles de todo tipo sobre Machado, como si se tratara de una revolucionaria que merece ser presidenta y sobre quien debe pesar la responsabilidad de asumir una eventual transición. Nadie niega que un sector representativo del electorado se sienta identificado con su proyecto político (Vente Venezuela) pero también lo es que se expresó a favor de una intervención armada de Estados Unidos, en un continente donde ese tipo de aventuras militares han terminado en derramamiento de sangre. ¿Por qué no lo reseñan? ¿quién da la orden para mostrar solo un lado de la realidad?
En un ejercicio periodístico serio, Señal Colombia y la Radio Nacional (del sistema de medios públicos) han intentado un cubrimiento que incluya a todas las voces (incluidas las de la oposición) pero al esquivar la narrativa hegemónica y no dar por descontado que la única salida sea un golpe de Estado contra Nicolás Maduro y al rechazar de tajo que esto se trate de buenos y malos, hemos sido señalados de convertirnos en canal de propaganda de lo que han denominado “régimen de Maduro”. Esto último es una noción construida a punta de falacias y lugares comunes para evitar un uso detallado y extraer de la ciencia política alguna categoría que revele y contribuya en términos informativos y comunicativos.
Normalmente, la censura se ejerce desde arriba, es decir, quien pueda darse el lujo del ejercicio de poder. En Colombia ocurre una atipicidad y es que no sólo el Estado ha perseguido a quienes han disentido de determinadas políticas de seguridad abiertamente autoritarias, sino que los medios corporativos sirven para crear una atmósfera de autocensura. Son precisamente periodistas quienes toman fragmentos de lo que se emite desde el sistema de medios públicos y editando para poner en línea extractos que los despojan de contexto, los exhiben como prueba irrefutable de alineamiento con el “establecimiento chavista”. Así ocurrió con un video del periodista Leonel Retamal desde territorio venezolano (municipio de Chacao) cuando se limitó a describir lo que estaba viendo ante la desaparición de María Corina Machado. Como no estaba confirmada la versión del rapto, secuestro o captura, el comunicador no hizo alusión a esas versiones. Esa captura de video en redes sociales fue retomada por políticos de la derecha colombiana y periodistas de medios hegemónicos que expusieron todo su odio contra el periodista y el sistema de medios públicos. ¿Cuál fue el “pecado” del corresponsal? No dar por descontada la tesis del secuestro o captura de Machado.
Estos medios que gozan de una hegemonía han tratado de todas las maneras posibles de censurar a Señal Colombia y a la Radio Nacional. No sólo en el tema de Venezuela hay censura, sino para referirse a Gaza, Ucrania, Siria, a la actualidad latinoamericana o al conflicto interno colombiano, entre otros. Dicho de otro modo, si no cubrimos, informamos y analizamos como ellos dictan somos idiotas útiles del comunismo internacional. Es evidente que en esta estrategia de ruidos y rumores (como diría Edgar Morin en su celebre ensayo sobre una noticia falsa celebre en 1969 en Francia – El rumor de Orléans) hay ecos del macartismo, de una cacería de brujas para exponer como enemigo de la democracia y de la patria a quien informe desde los enfoques contrahegemónicos, populares, alternativos y comunitarios. Insólito y contradictorio, los medios colombianos invitan a la censura. Se trata de un contrasentido que sólo se explica por la defensa de los intereses de clase.
La coyuntura venezolana constituye un momento relevador para Colombia sobre la necesidad de construir medios alternativos post 2026. Debemos entender que solamente la articulación de plataformas comunitarias, contrahegemónicas y populares impedirá la construcción de “verdades reveladas” incuestionables que generalmente impiden el acceso a la información. Entender Venezuela más allá de los simplismos es un reto en el que, aunque no lo veamos seguimos ganando espacios. Hace 20 años, era imposible cuestionar, hoy sabemos cuánto ocultaban, construían y manipulaban.