Javier Milei, la exageración y el miedo al “virus mental”
El discurso del presidente argentino Javier Milei en Davos ubicaba estratégicamente a los movimientos sociales como enfermedades. Quiere volver y volver a la pelea contra los feminismos… ¿por qué?
Se termina enero y en Suiza está fresco. El presidente argentino Javier Milei se prepara para dar su discurso en Davos. No hay a la vista estafas cripto, ni coimas o acusaciones de tráfico de influencias. Es una mañana tranquila lejos de la calurosa y caótica Argentina, desbordada por las olas de despidos en el Estado, el desmantelamiento de políticas públicas y el enfrentamiento con artistas de la cultura nacional.
El foro económico de Davos es un encuentro internacional que propone un intercambio entre las distintas visiones de los líderes mundiales. Claro que hay algunas temáticas propuestas que globalizan una agenda de desarrollo: el lugar de las mujeres, el cambio climático, las nuevas tecnologías, entre otras. Pero, cuando le llega el turno a Javier, usará las expresiones más desorbitantes. Dirá que la ideología woke es un “virus mental”, la gran “epidemia” de nuestra época que debe ser curada, un “cáncer” a extirpar, y, para respaldar su postura, dio varios ejemplos ampliamente desmentidos. Los dichos de Javier Milei son graves por sí mismos y evidencian una tendencia firme de la comunicación orgánica de su gobierno: la exageración de lo propio y lo ajeno.
No es casual la utilización de términos relativos a enfermedades en una sociedad que atraviesa la salida del Estado-pandemia. Desde un lenguaje conocido, construye una narrativa en la que el enfrentamiento a lo “woke” tiene dos sentidos. Por un lado, muestra la pertenencia a una alineación internacional de defensa contra esa “amenaza”. No solo con el poder político (Trump, Orbán, Meloni) sino también con el poder económico (Zuckerberg, Musk). Por el otro, hacia dentro de nuestro país, pretende con tal exageración desviar la atención sobre su poco interés en ocuparse de las problemáticas más urgentes en Argentina.
Javier Milei le dice “woke”, pero apunta contra la organización social de los últimos años en torno al género. Los feminismos y las organizaciones LGBTIQ+ en Argentina no comenzaron con el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad creado en el gobierno previo a la gestión actual. Su historia está fuertemente entrelazada con los movimientos de derechos humanos. Organizaciones unidas con sus propios crecimientos, no sin idas y vueltas, momentos mejores y peores.
El fin de la dictadura en el año 1983 inició una etapa de condena a la violencia doméstica, el enfrentamiento a los edictos policiales y las mujeres jefas de hogar. Posteriormente, tomó protagonismo mayor la pelea de varios capítulos con el sector eclesiásico, particularmente con las normativas de Educación Sexual Integral en las escuelas y la sanción del Matrimonio igualitario. Después, llegó la Ley de Identidad de Género promovida por las organizaciones travestis trans.
En la memoria reciente de Argentina, una linda experiencia de movilizar las calles y transitar los pasillos del Congreso para lograr la Ley de Interrupción del Embarazo, cuya lucha tuvo alcance internacional; hoy el pañuelo verde es un símbolo de los feminismos más allá de las fronteras argentinas. Llena de ejemplos está la historia de los avances normativos en la temática, acompañados por una fuerte insistencia y visibilidad en los medios de comunicación, las marchas, la alianza con decisores y las distintas iniciativas desde sectores públicos y privados para el avance de la garantía de esos derechos.
El presidente Milei exagera para que el género se constituya como una amenaza
El género es la piedra de base en este camino. Como afirma la socióloga Dora Barrancos, se le llama “género” a la relación que se establece entre las personas a partir de un orden social de atributos femeninos y masculinos. Se trata de formas identitarias complejas que obedecen a largas construcciones sociales y culturales que atraviesan todas las etapas históricas. Estas matrices sociales son decisivas en la desigualdad y sus efectos. Un fenómeno social ampliamente investigado, discutido y, como se vio anteriormente, validado a nivel legislativo con la promoción de políticas que buscan dar respuesta a las situaciones de violencia y discriminación que ponen en peligro las condiciones de vida (y la posibilidad de muerte) de las personas.
Pero Javier Milei elige nombrarlo como un “cáncer”, un “virus mental” y una “epidemia”. ¿Por qué el género? Ambas respuestas se entrelazan: el presidente exagera para que el género se constituya como una amenaza. La escritora feminista Sara Ahmed, en su libro La política cultural de las emociones, dedica un apartado a la emoción del odio. Describe cómo en estas narrativas se crea un sujeto que se siente en peligro ante unos otros, cuya proximidad implica un “riesgo”, en una fantasía de la vida ordinaria amenazada. La autora explica que estas narrativas implican una re-escritura de la historia.
En esta reescritura, lo “woke” aparece, como por arte de magia, para amenazar a una sociedad que en un “antes” (un antes mejor, o menos amenazante) estaba exento de ello. No deja de ser una fantasía, ya que, aunque quizás menos visibilizado, ese otro siempre existió como parte constitutiva de esa sociedad. Quitarle su carácter social es borrar su historia y por eso la analogía con enfermedades es una estrategia de llegada a sus receptores. Mientras más grande mejor, porque un virus, se propaga, no media voluntades. Así se constituye en amenaza. No elegís ser afectado por una epidemia, no podés hacer nada ante el contagio de un virus mental. En la era post pandemia, acude al lenguaje relativo a los procesos de salud y enfermedad para argumentar con términos biológicos la necesidad de desaparición del otro.
Esta es la primera experiencia desde la recuperación democrática en la que un presidente argentino se muestra explícita y abiertamente machista. Davos concentró el repudio, los comunicados y los posicionamientos de amplios sectores de la política. En pocos días, la jornada del 8 de marzo volverá a marcar el pulso de una historia que no arrancó woke y no se termina con Milei. Hasta entonces, Javier Milei necesita seguir escalando retóricamente. Su exageración contra el otro, su empleo de nociones estigmatizantes y patologizantes, tapa las miserias de su gestión: la caída del consumo, la violencia contra los jubilados, las estafas cripto y más. Mediante esta exageración, el presidente Milei construye al enemigo y, de paso, consolida su liderazgo frente a los propios. Al menos, por ahora.