Argentina

¡La motosierra de Milei está de aniversario!

Coincido con la tesis de la crueldad como signo que caracteriza al gobierno de Milei, pero me preocupa que perdamos de vista algunos aspectos para entender lo que está sucediendo en Argentina y América Latina

Las principales economías de la región (Brasil, México y Colombia) atraviesan procesos democratizadores-populares que apuntan a la soberanía de los pueblos, la autonomía económica respecto de Estados unidos y un proyecto de justicia social y ambiental de alcance continental. Centroamérica también expresa dos importantes laboratorios democráticos-populares: Honduras y Guatemala. Junto a ello hace falta mencionar el triunfo del progresismo en Uruguay, la sostenibilidad de Boric en Chile, la persistencia del MAS en Bolivia -a pesar de sus delicadas contradicciones internas-   y la articulación de un frente regional para tramitar los atolladeros en Cuba, Venezuela y Nicaragua. Pero por sobre todas las cosas no hay que olvidar que hasta hace dos años Colombia era el bastión de la derecha continental para tramitar el delicado equilibrio de fuerzas del mundo libre imperial. La pérdida de Colombia ha recrudecido la ofensiva oligárquica en países como Argentina y Ecuador. No incluyo El Salvador porque el laboratorio postdemocrático tiene otras características.

En esa dirección, el actual gobierno argentino no es una punta de lanza de la derecha mundial sino el repliegue estratégico de una derecha que busca recuperar países como Colombia, México o Brasil. Con ello no quiero decir que Argentina no sea un país de referencia para la región, sobre todo si prestamos atención al papel que ha tenido el peronismo para construir un campo popular de resistencia democrática. Pero lo que sí es cierto es que Milei está replicando lo que ya se viene ensayando en la región. Y, para eso, es necesario volver a contarnos el Plan Cóndor de otra manera. 

Sin embargo, lo que no suele mencionarse es que este Plan tuvo un rostro diferente en países como Colombia donde no fue necesario apelar a la figura de los golpes de Estado para implementar este modelo económico

Por lo general suele estudiarse el papel que tuvo esta operación en la configuración de las dictaduras cívico-militares en el Cono Sur para, por un lado, poner fin a las convulsionadas experiencias emancipadoras y, por otro, implementar el modelo económico neoliberal. Lo que ha caracterizado a esta operación de inteligencia militar promovida desde los Estados Unidos ha sido la interrupción de la democracia y del Estado de derecho como mecanismo privilegiado de la clase dominantes para disputarle a las clases populares el control y manejo del capital.

Sin embargo, lo que no suele mencionarse es que este Plan tuvo un rostro diferente en países como Colombia donde no fue necesario apelar a la figura de los golpes de Estado para implementar este modelo económico. A diferencia del Cono Sur, esta operación se organizó a partir de tres aristas. En primer lugar, no se priorizó la interrupción de la democracia y la implementación de un gobierno de facto. En segundo lugar, se diseñó una burocracia estatal permeada por el crimen organizado hasta hacer coincidir política y narcotráfico. El ejemplo más emblemático ha sido la consolidación de la hegemonía de Álvaro Uribe Vélez, ficha del narcotraficante Pablo Escobar para la Alcaldía de Medellín primero y para la presidencia de la Nación después. En tercer lugar, esta articulación entre democracia formal y crimen organizado vino acompañada por la construcción de un enemigo interior a combatir: la guerrilla.

Dentro de la figura del “guerrillero” encajaba todo aquel que expresara una oposición a la hegemonía neoliberal, desde estudiantes universitarios hasta profesores, sindicalistas, líderes territoriales, juristas o militantes de partidos políticos de izquierda. No hay que olvidar que entre los años 80’ y 90’, en pleno auge del neoliberalismo, la caída del muro de Berlín y el retorno de la democracia en el Cono Sur, la oligarquía colombiana diseñaba el plan “El baile rojo” con el objetivo exterminar a una de las fuerzas políticas democrático-populares más importantes de esa década: la “Unión Patriótica”. La ejecución de ese plan dio por resultado el asesinato de 2 candidatos presidenciales, 9 congresistas, 70 concejales, decenas de diputados, alcaldes, dirigentes de juntas comunales, líderes sindicales, 5 mil militantes de base fueron asesinados y miles enviados al exilio. Es decir, en medio de la fiesta democrática de libre mercado se cometía una masacre deliberada desde la cúpula del Estado colombiano. Tampoco hay que olvidar que la democracia más antigua de América Latina -así denomina la oligarquía colombiana a su régimen de gobierno- cuenta con un genocidio sostenido en el tiempo durante esa fiesta democrática, genocidio que haría empalidecer a cualquiera de las dictaduras del Cono Sur. Si bien no hay cifras oficiales se habla de casi 200 mil desaparecidos y asesinados que viene a sumarse a los millones de desplazados por todo el territorio nacional.

Por eso, y si bien las dos caras del Plan Cóndor tenían una misma finalidad: implementar la economía de libre mercado en los países de la región, se trataba de dos técnicas completamente diferentes, puesto que en un caso se empleaba la vía de facto y, en el otro, la vía dizque “democrática”. Y todo esto configuraba una contradictoria doble conciencia social, dado que los voceros de los actores armados que habían permeado en todas las estructuras del Estado colombiano eran los encargados de construir el discurso de combate del narcotráfico y la guerrilla en los territorios del país.  La oligarquía colombiana podía jactarse de no haber interrumpido su estado de derecho y, al mismo tiempo, emplear recursos similares a la violencia estatal practicadas por los gobiernos dictatoriales.

Y hay un elemento que suele pasar desapercibido y tiene que ver con los nexos entre la Mossad y los servicios de inteligencia colombiano en la configuración del Plan Colombia. Gracias al triunfo de Petro es posible ir descubriendo esta maraña histórica que funciona como un tabú continental. Como en todo juego detectivesco hay pistas que resulta interesante traer a escena como la participación de tropas colombianas en la franja de Gaza entre los años 1958 y 1956 durante la guerra de Suez; la no condena a Israel en el año 1969 en la ONU por la guerra de los seis días; el no reconocimiento del Estado de Palestina en la ONU;  la presencia del Batallón Colombia N° 3 en el Sinaí como cerco a Gaza y el escándalo que acaba de salir a la luz con la venta ilegal de un Software de inteligencia al Estado colombiano por parte del Estado de Israel. Pequeñas pistas que nos permite asomarnos a un entramado mucho más complejo a nivel continental (por no decir mundial).

¿Por qué nos interesa resaltar esta cara oculta del Plan Cóndor para Colombia metamorfoseado como Plan Colombia? Porque a diferencia de las dictaduras cívico-militares cuyo papel histórico se encuentra finalizado, el experimento colombiano de un modelo democrático-autoritario neoliberal no ha dejado de cobrar auge en la región.

Ahora que Colombia ya no es la Israel de América Latina resulta bien curioso el lema de campaña de Javier Milei (las fuerzas del cielo) tomado del libro de los macabeos del antiguo testamento

La lucha contrainsurgente en Colombia no encontró su culminación con el acabamiento de las dictaduras, sino que derivó en una alianza estratégica de dependencia con el complejo económico militar y de seguridad israelí. Este es el nudo gordiano que está intentando desarmar el gobierno que lidera Gustavo Petro. Por eso entendió antes que ningún otro mandatario en el mundo que era imperioso denunciar el accionar de Israel en Gaza y denunciarlo como un acto genocida. ¿Cómo no reconocer el modus operandi de un genocidio cuando Colombia lo sufrió puertas adentro con ayuda de la Mossad

Ahora que Colombia ya no es la Israel de América Latina resulta bien curioso el lema de campaña de Javier Milei (las fuerzas del cielo) tomado del libro de los macabeos del antiguo testamento; más curioso aún su desopilante performance de conversión al judaísmo con diferentes visitas a la comunidad judía Lubavitch en el Estado de New York. Sumado a un estrambótico número de premios recibidos durante esas visitas y su performance internacional a favor del genocidio en Gaza con la excusa del legítimo derecho a la defensa por parte del pueblo judío. Pero lo que resulta más preocupante es la firma de un memorándum con el Estado de Israel para combatir dictaduras imaginadas y un terrorismo inexistente en el país o el deseo de votar contra el reconocimiento del Estado de Palestina en la ONU, algo que la Argentina -con independencia de la orientación política- nunca hizo. Tampoco hay que olvidar los dos atentados que sufrió la comunidad judía en Argentina y el deseo del kirchnerismo de esclarecerlo mediante un memorándum de entendimiento con Irán.

Por alguna razón que aún hoy no logra explicarse todas las pistas para esclarecer los atentados se han perdido y figuras claves han sido asesinadas. Hace cuatro días Cristina Fernández de Kirchner ha sido llamada a juicio oral por haber impulsado ese memorándum cuyo único objetivo consistía en poder identificar el accionar de sus perpetuadores. La incógnita que sigue sin responder es quién está interesado en que la verdad no salga a la luz. ¿Qué descubriríamos allí? ¿Y por qué se reactiva este juicio en un momento tan delicado como el actual?

Estamos asistiendo a una colombianización de Argentina y no solo por el hecho de que Milei les haya plagiado la consigna de la motosierra

Sé que la tesis es arriesgada, pero tengo la intuición de que todos los gestos crueles propiciados por Milei son apenas un "teatro" para las clases medias ilustradas y saben perfectamente qué tipo de efectos quieren lograr. Estos estados de ánimo colectivos están siendo dictados con gran precisión por la oligarquía argentina. Por eso se ríen, se burlan y saben provocarnos con mucha exactitud. La pregunta es ¿vamos a dejar que ellos configuren nuestro aparato psíquico o vamos a meternos en el taller para desajustar y reajustar lo que haga falta? Nos ponen a hablar de la batalla cultural mientras hacen la otra guerra: la guerra tecnológico-territorial.

Estamos asistiendo a una colombianización de Argentina y no solo por el hecho de que Milei les haya plagiado la consigna de la motosierra. Ni en eso es original el presidente que vino a despertar leones. Aunque cabe decirlo que todavía no la usa para descuartizar gente, como sí suele hacer el crimen organizado en las casas de pique.  Colombia y Centroamérica son el modelo. Voy a dar un ejemplo muy sencillo: al mismo tiempo que se baja la edad para portar armas se busca criminalizar a la juventud ¿Por qué? Porque necesitan expandir el crimen organizado a nivel territorial para destruir la unidad política de las organizaciones de bases. El Narco-Estado es el modelo continental para el siglo XXI. Observen cómo arrasó Ecuador (uno de los países más seguros de la región hasta hace 7 años). Observen cómo presionan al gobierno de Boric desde el norte y el sur de Chile. Y, así, la lista sigue. Argentina no es la excepción a todo esto. ¿Se acuerdan cuando Bullrich, durante el gobierno de Macri, hablaba de los guerrilleros FARC-Mapuches? Bueno, ese fue un significante fallido para comenzar con esta operación.

Pero lo cierto es que a eso le siguió un protocolo de persecución a la militancia política; una represión brutal a las manifestaciones sociales; la criminalización a los pueblos originarios y su derecho legítimo a los territorios; el proyecto de bajar la edad de imputabilidad y, al mismo tiempo, liberar la edad para la compra de armas. Todo eso acompañado de una destrucción del tejido social en los barrios periféricos de las grandes ciudades, junto a un proyecto de creación de un brazo armado (simbólico o no) de juventudes mileistas en las redes y la televisión argentina.

Esta economía de guerra tiene una exactitud temeraria. Por arriba: un estado represor que tratará a cada ciudadano como enemigo interior. Por abajo: una caracterización de los territorios bajo la lógica del crimen organizado. ¿Qué está en juego con este modelo de gobernanza? Nuestros recursos naturales. Y, para ello, se vuelve necesario: a. desarticular el campo nacional y popular de los trabajadores; b. estatizar las luchas feministas, negras e indígenas; c. convertir la crisis climática en un activismo de élite con discursos posthumanistas y un materialismo a lo netflix; de retirar al estado de los territorios y de la sociedad civil y convertirlo en una máquina de guerra económica.

Muchos hablan de la crisis del kirchnerismo pero nadie habla del agotamiento cultural que atraviesa el campo cultural argentino

Todo esto tiene un nombre: sionismo. Estamos asistiendo a la sionización de América Latina. ¿O por qué creen que Colombia era tildada de la "Israel de América Latina? No es mirando a las derechas europeas como vamos a entender a Argentina. Hay que mirar a la región para saber cuál es el plan que ya vienen concretando para el continente. Y, por eso mismo, es tan importante el triunfo de Petro en Colombia, Castro en Honduras o Arévalo en Guatemala. Ellos nos están hablando del futuro. Ahí encontraron las claves para comenzar a revertir la lógica del Narco-Estado que promete devorar los legados republicanos emancipadores en América. Con todo ello no soy para nada pesimista. Confío en la voluntad revolucionaria de nuestros pueblos. Y, para el caso argentino, confío en el peronismo que nos parió. Solo que no puedo dejar de preocuparme ante la miopía de cierto campo cultural argentino enamorado de sí mismo y con serias dificultades para entender los signos de agotamiento de su propio proyecto cultural y del lugar simbólico que realmente ocupan en la región.

Muchos hablan de la crisis del kirchnerismo pero nadie habla del agotamiento cultural que atraviesa el campo cultural argentino. Me parece que hace falta revisar cuáles serán las energías sociales y territoriales con las que vamos a hacer el juego mimético (o mágico) que exige esta nueva embestida oligárquica. Solo así podremos volver a hacer del delirante ingenio argentino un arma revolucionaria al servicio de la Patria Grande.