Argentina

Cristina, contra la motosierra de Milei: “Fue una construcción mentirosa pero eficaz”

Foto tomada de la cuenta de X de Cristina Fernández
Reivindicó la memoria del Bicentenario y denunció que el gobierno busca desintegrar los lazos solidarios del pueblo

Este 25 de mayo, mientras el calendario argentino marcaba el aniversario del primer gobierno patrio y se cumplían veintidós años de la asunción de Néstor Kirchner, Cristina Fernández de Kirchner volvió al centro de la escena política. Fue en el Encuentro de la Cultura Popular, un espacio colectivo que se pensó como punto de partida para la construcción de un programa federal de gobierno en cultura. Y, en palabras de Cristina, se volvió también un lugar desde el cual repensar la política, el Estado y el futuro del peronismo. 

La patria no se vende 

El Encuentro de la Cultura Popular no fue un evento aislado. Se inscribió en una serie de espacios de discusión impulsados desde las organizaciones del campo nacional y popular en este último tiempo: el 11º Encuentro Nacional de Salud en noviembre de 2024 y en el Congreso Nacional Educativo «Imaginar y transformar» en marzo de este año fueron antecedentes directos. En todos, el eje es el mismo: debatir qué hacer con el Estado, en un contexto donde el gobierno nacional intenta destruirlo desde adentro. 

Ya en noviembre, Cristina había planteado la necesidad de “volver a reconstruir un Estado”, pero uno que no sea ni burocrático ni lejano: “un Estado con mucha información, una gobernanza muy capaz para articular”, dijo entonces, para pensar un sistema de salud integrado. En educación, meses más tarde, volvió sobre esa línea: “Así como está, no sirve”, dijo. “Si no lo reformulamos y si no lo replanteamos, vienen planteos como los de este gobierno, que es el planteo de la destrucción, el planteo de la eliminación del Estado”. 

Se cumplían veintidós años de la asunción de Néstor Kirchner, Cristina Fernández de Kirchner volvió al centro de la escena política

La cultura fue, esta vez, el punto de partida: como estructura simbólica y material de lo común. En el documento de convocatoria, se advierte con claridad: “el gobierno de Milei pretende consolidar una estructura regresiva, centralizada y privatizada para el ecosistema cultural”. No es solo un ajuste: es un intento deliberado de desintegrar los lazos solidarios, mercantilizar el sentido y vaciar de contenido la experiencia colectiva. 

Cristina recogió ese guante desde el inicio de su intervención. Habló de “texto y contexto”: la cultura popular como identidad viva y al mismo tiempo como campo de disputa. Reivindicó el Bicentenario de 2010 como el momento más importante en materia cultural de los gobiernos kirchneristas, porque fue “recuperar para el pueblo el 25 de mayo”, fecha apropiada históricamente por el relato liberal. Desde ese lugar, desplegó un inventario de las políticas culturales de su gestión: el Centro Cultural Kirchner, el Canal Encuentro, Paka Paka, las orquestas juveniles, el INCAA, los centros culturales comunitarios. Pero no lo hizo desde la nostalgia. Lo hizo como quien quiere volver a poner en marcha una maquinaria que debe mejorar la experiencia anterior. Militantes y artistas siguieron sus palabras con atención, no era poco en estos tiempos volver a imaginar un país que vea a su cultura como la expresión misma de soberanía. Cristina definió a la cultura como una Madre de Plaza de Mayo con un pañuelo en la cabeza buscando a su hijo desaparecido en la dictadura militar, y también se genera cultura el día que Nestor bajó los cuadros en la Ex-Esma. El rol de la cultura es central y para visibilizar ese rol es que apunta como la desaparición de las políticas culturales es un borramiento de nuestra identidad, y una entrega al neoliberalismo en el que ya no importa lo común. 

 

La motosierra y la repetición del fracaso 

Pero la parte más filosa del discurso fue la que apuntó directo a la gestión actual. Cristina no necesitó eufemismos para criticar al presidente. “Este desgobierno que hoy está en la Casa Rosada quiere hacernos creer que encontró la fórmula de la Coca-Cola”, lanzó, y enseguida recordó que todo lo que Milei propone “ya lo hicieron antes”: durante la dictadura, en los noventa, con la convertibilidad. 

Nombró con precisión: habló del plan de Martínez de Hoz, del default del 2001, de los nueve defaults que lleva la historia argentina y advirtió que, con el nivel de endeudamiento actual, “el décimo no es una fantasía demasiado lejana”. Nombró también a Ricardo Arriazu —a quien definió como “autor intelectual y material de la tablita de Martínez de Hoz”— y citó con ironía su elogio a la destrucción veloz como política de Estado. 

La motosierra apareció como símbolo. “Fue una construcción mentirosa pero eficaz”, reconoció Cristina, y explicó por qué caló tan hondo en la sociedad: “Se identificaba con esa motosierra el que fue al hospital y no lo atendieron, el que no puede pagar la cuota del colegio privado al hijo y entonces lo manda al público y no tiene clases. Entonces, seguir hablando del Estado presente significa no estar acorde con lo que está pasando hoy en la sociedad”. 

Cristina no necesitó eufemismos para criticar al presidente

Ahí está el quiebre. Cristina no defendió el Estado tal como es: propuso una nueva estatalidad. “Tenemos que volver a ver cómo hablamos y logramos un Estado eficiente”, insistió. Y volvió a señalar una y otra vez que lo que hace falta es repensar el modelo, desde adentro, sin eslóganes vacíos. 

Volver a la política 

El cierre fue con una imagen: la patria que siempre vuelve. “Hubo muchos intentos de suprimir al pueblo y ese pueblo y esa patria siempre aparece”, dijo Cristina, entre aplausos. No se trató de nostalgia, ni de resistencia solemne. Fue una reafirmación de futuro. “Cuando podamos volver a hacer primar los valores de la solidaridad, habremos comenzado el camino de reconstrucción de la patria”, afirmó. En un momento político marcado por la desorganización y el desencanto, Cristina propuso volver a lo básico: comunidad, solidaridad, memoria. Lo dijo con la claridad de quien no necesita cargos para tener peso: está en la pelea por el país que vendrá.