El genocidio de las potencias occidentales le costó las manos a esta mujer palestina, que perdió mucho más que sus extremidades

Nibal al-Hissi y su hija, Rita, noviembre de 2025 - Saja Nael Al-Louh para Mondoweiss

La barbarie occidental y sionista en Palestina es un recordatorio inapelable de cómo se construyó el orden capitalista actual y el diseño imperialista ligado a sus respectivos ciclos sistémicos de acumulación de capital: la barbarie de sus orígenes, Marx dixit, se conjuga de nuevo en la bestialización de su disolución de la cual Trump y la Unión Europea son los ejemplos miserablemente paradigmáticos

Un ataque israelí contra su refugio provocó la amputación de ambas manos de Nibal, lo cual le causó la pérdida de lo que más quería: la capacidad de abrazar a su hija pequeña. Su historia es una más de los cientos de historias de mujeres amputadas en Gaza.

Cuando Rita, de dos años de edad, llora por la noche, su madre, Nibal al-Hissi, solo puede llamarla desde su colchón. Sin manos, no puede levantar a su hija, ni consolarla ni darle un sorbo de agua. «Me duelen mucho los brazos cada vez que intento cogerla en brazos o abrazarla», dice la joven de 27 años con voz temblorosa. «Dependo de los analgésicos y estos apenas me alivian». La vida de Nibal cambió el 7 de octubre de 2024, el primer aniversario del inicio del genocidio, cuando los bombardeos de artillería genocida israelí alcanzaron su refugio en el campo de Nuseirat, situado en el centro de Gaza. La zona había sido designada «zona segura» según las directivas de evacuación israelíes. La explosión le cercenó ambas manos. «Me amputaron los antebrazos inmediatamente», recuerda. «Vi cómo la sangre brotaba de mis brazos ante mis ojos».

Nibal al-Hissi y su hija, Rita, noviembre de 2025 - Saja Nael Al-Louh para Mondoweiss

El Ministerio de Salud palestino ha informado de seis mil casos de amputación desde el inicio de la guerra genocida perpetrada por el Estado terrorista israelí contra Gaza. Los niños representan el 25 por 100 de todas las amputaciones y las mujeres, el 12,7 por 100. Dada la situación el colapso del sistema hospitalario gazatí causado por los bombardeos israelíes, el asesinato y el desplazamiento de los equipos sanitarios y el bloqueo de los suministros médicos esenciales, los médicos y médicas se han visto obligados a amputar a innumerables pacientes incluso en casos que podrían haber sido objeto de tratamiento en circunstancias normales. Muchas intervenciones se realizaron sin anestesia y en condiciones inhumanas, lo que provocó graves complicaciones, que posteriormente han dificultado enormemente la adaptación de las prótesis.

Una maternidad destrozada

En el hospital, inmediatamente después de la explosión, envuelta en vendajes y sábanas hospitalarias, Nibal suplicó a las enfermeras que le trajeran a su hija pequeña. Recuerda que Rita la miró y se echó a llorar desconsoladamente. «Se negó a acercarse. Ese momento destruyó mi salud mental». Antes de la guerra, Rita solo tenía unas semanas. Nibal había estado disfrutando de sus primeros meses de maternidad. «Estaba formando una pequeña familia con mi marido en nuestra preciosa casa», dice. «Me encantaba todo lo relacionado con ser madre. Cambiarle la ropa, darle de comer, abrazarla con fuerza. Ahora no puedo hacer nada por ella». Incluso a su edad, Rita percibió el cambio. «Sabe que ya no puedo hacer cosas por ella», dice Nibal. «Se enfada, se estresa y, a veces, me evita».

Nibal al-Hissi y su hija, Rita, noviembre de 2025 - Saja Nael Al-Louh para Mondoweiss

Aun así, Nibal intenta aferrarse a lo que le queda. «Intento compensarlo estando a su lado todo el día», dice con voz suave. «Dejo que juegue a mi alrededor. Le compro juguetes. Le cuento historias. Le hablo como si fuera mayor y lo entendiera todo». A pesar de los esfuerzos de Nibal, la atención física que Rita necesitaba estaba fuera de su alcance. Nibal acabó contratando a una empleada doméstica para que le ayudara con los cuidados diarios, pero la sorpresa llegó cuando Rita empezó a llamarla «mamá». «En ese momento, perdí la cabeza», dice Nibal en voz baja. «Me di cuenta de lo que mi lesión me había quitado, me había quitado mi derecho a ejercer la maternidad».  «Me di cuenta de que perder las manos afecta a todos los aspectos de mi vida».

Nibal al-Hissi y su hija, Rita, noviembre de 2025 - Saja Nael Al-Louh para Mondoweiss

Dependencia, divorcio y dificultades cotidianas

Antes del ataque, Nibal era una mujer fuerte, activa y totalmente independiente. Cocinaba, limpiaba, se vestía, se peinaba y cuidaba de su casa con facilidad. Todo eso desapareció en un instante. Ahora depende de la disponibilidad y la empatía de los demás. «Lo que hace todo más difícil es que ahora necesito a alguien que me ayude a mí y a mi hija», dice. «Necesito a alguien que coja a Rita cuando llora, que le dé de comer cuando tiene hambre, que le cambie los pañales, que la vista, que le cepille el pelo. Todo». «No puedo meter prisa a nadie», añade. «Tengo que esperar a que estén disponibles».

Nibal al-Hissi y su hija, Rita, noviembre de 2025 - Saja Nael Al-Louh para Mondoweiss

El peso emocional de esta dependencia la aplasta. «El sentimiento más duro que he tenido desde la amputación es esta abrumadora sensación de discapacidad», dice. «Me siento como una carga para todos los que me rodean. No les culpo. Todos tienen responsabilidades. Nadie puede dedicar su vida a estar pendiente de lo que yo necesito». Hace una pausa. «Incluso siento lástima por mí misma, por haberme convertido en una carga. La gente te quiere cuando eres fuerte. Cuando eres débil y necesitas ayuda, nadie está ahí para ti». La gente suele describirla como una mujer fuerte y resistente. Por dentro, dice, «estoy destrozada, derrotada y sola». Cada aspecto de su vida le recuerda constantemente su pérdida. Necesita ayuda incluso para las tareas más íntimas. «Esta es la parte más difícil de mi día», dice. «Tengo que esperar a que alguien en la casa se despierte y me ayude a ir al baño. ¿Alguien puede soportar esto?».

Nibal al-Hissi y su hija, Rita, noviembre de 2025 - Saja Nael Al-Louh para Mondoweiss

Su sensación de ser indeseada se acentuó tras la lesión, especialmente cuando su marido decidió divorciarse de ella. «Ni siquiera puedo culpar a nadie», suspira. «Mi exmarido fue el primero en renunciar a mí, porque yo era incapaz de cumplir con mis responsabilidades». Mientras tanto, Rita sigue luchando con la lesión de su madre. «Llora cada vez que me pide algo y no puedo hacérselo», dice Nibal. «No poder cuidar de mi hija me rompe el corazón cada día». Sin embargo, Nibal se niega a rendirse. «Rita es toda mi vida», afirma con firmeza. «Es la única razón por la que sigo adelante».

Nibal al-Hissi y su hija, Rita, noviembre de 2025 - Saja Nael Al-Louh para Mondoweiss

Nibal se esfuerza por compensar este vacío con cercanía emocional. «Le recuerdo todos los días que soy su madre. Le cuento historias. La mantengo a mi lado. Algunos días se adapta. Otros días, rechaza la ayuda de cualquier persona que no sea yo. En esos momentos falta poco para que me derrumbe». Hoy en día, el mayor deseo de Nibal es viajar al extranjero para recibir tratamiento y lograr la implantación de una prótesis, que le devuelva cierta independencia y le permita recuperar parte de su identidad y de su maternidad. «Solo quiero volver a cuidar de mí misma y de mi hija», afirma.

Nibal al-Hissi y su hija, Rita, noviembre de 2025 - Saja Nael Al-Louh para Mondoweiss

En octubre de 2025, poco después de que se anunciara el alto el fuego, el Ministerio de Salud le informó de que se le había concedido la evacuación médica a través del paso fronterizo de Rafah. La esperanza renació. Imaginó que volvería a levantar a Rita. Pero el paso fronterizo nunca se abrió. Funcionarios palestinos y grupos humanitarios le informaron de que Israel se negaba a permitir las transferencias médicas, lo que fue descrito por las autoridades gazatíes como otra violación del acuerdo de alto el fuego. La guerra de Israel contra Gaza ha causado la muerte de al menos de 70.000 personas y ha dejado hasta la fecha 170.706 heridos. Entre los heridos hay al menos 16.000 pacientes que requieren evacuación urgente e inmediata para recibir tratamiento en el extranjero. La historia de Nibal es solo una entre miles.


Recomendamos leer Huda Ammori, «Palestine Action: sabotaje a la industria bélica israelí», Michael Arria, «Veinte años de BDS: entrevista con Omar Barghouti, cofundador del movimiento», Frédric Lordon, «El sionismo y su destino», Craig Mokhiber, «La ONU abraza el colonialismo: análisis del mandato del Consejo de Seguridad para la administración colonial estadounidense de Gaza»; Qassam Muaddi, «El Estado genocida de Israel pretende dividir definitivamente  Gaza a lo largo de la “Línea Amarilla”» y «9100 palestinos languidecen en pésimas condiciones en las prisiones del Estado genocida israelí tras el acuerdo de «paz», Nora Barrows-Friedman, «La violencia genocida israelí no cesa en Gaza y Cisjordania», todos ellos publicados en Diario Red. Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Informes de la Relatora Especial sobre la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados desde 1967, Francesca Albanese, «Anatomía de un genocidio» (2024), «De la economía de la ocupación a la economía del genocidio» (2025) y «Gaza Genocide: a Collective Crime» (2025). Ilan Pappé, «Fantasías de Israel. ¿Puede sobrevivir el proyecto sionista?» y «El colapso del sionismo», El Salto. Antony Loewenstein, El laboratorio palestino (2024).

Este artículo se ha publicado originalmente en Mondoweiss y se publica aquí con consentimiento expreso de su editor.