Irán ganó, Israel perdió

La gente celebra en la plaza Enghelab de Teherán el 24 de junio la entrada en vigor del alto el fuego entre Irán e Israel - Sha Dati / Xinhua News Agency
La guerra de agresión israelí ha concluido sin un vencedor aplastante, ha demostrado la resiliencia de Irán y ha evidenciado la vulnerabilidad del Estado israelí

Israel lanzó una guerra de agresión contra Irán el pasado 13 de junio. Tras más de cuarenta y ocho horas de vigor del alto el fuego, está claro: Irán ganó, Israel perdió. «No ha sido una derrota decisiva para el régimen [israelí], que se encuentra al borde del colapso», declaró el académico y analista político Mohammad Marandi, profesor de Literatura Inglesa y Orientalismo de la Universidad de Teherán, al canal Dialogue Works el pasado martes 24 de junio. «Pero ha sido una victoria para Irán». La valoración de Marandi es acertada: la guerra de Israel ha fracasado y ha dejado a Irán más fuerte, lo cual tiene enormes implicaciones para Irán, para Palestina y para el mundo.

¿Cómo se define un ganador?

Carl von Clausewitz afirmó que la guerra es la política continuada por otros medios. Se gana, si se logran ciertos objetivos. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, afirmó que la guerra tenía como objetivo eliminar «dos amenazas existenciales» para Israel: «la amenaza nuclear y la amenaza de los misiles balísticos». Pero su objetivo real, solo insinuado, era el cambio de régimen. Tras el alto el fuego, Netanyahu declaró «una victoria histórica», afirmando que había eliminado la «amenaza de destrucción mediante armas nucleares» y la amenaza de «20.000 misiles balísticos». Cabe destacar que omitió mencionar el cambio de régimen. Tácticamente, Israel obtuvo algunos «éxitos» iniciales consistentes en el asesinato de comandantes, así como de científicos iraníes y sus familias. Pero si la pretendida victoria se mide en función de los propios objetivos declarados por Netanyahu, Israel ha fracasado por completo.

La «amenaza» nuclear

Irán no tenía armas nucleares ni estaba intentando fabricarlas, según las evaluaciones de los servicios de inteligencia estadounidenses y del Organismo Internacional de Energía Atómica. No obstante, el presidente Donald Trump adoptó la mentira de Netanyahu de que Irán estaba «muy cerca» y bombardeó tres instalaciones nucleares iraníes. Pero las evaluaciones de los servicios de inteligencia estadounidenses afirman ahora que los bombardeos estadounidenses solo retrasaron unos meses los programas nucleares de Irán. Por otro lado, funcionarios estadounidenses admiten, que no saben dónde se encuentra el uranio altamente enriquecido de Irán. Irán lo trasladó antes de los ataques. Además, el ineficaz ataque se basó en el poder de Estados Unidos. Israel no logró nada.

Los misiles balísticos de Irán

Netanyahu afirmó que Irán tenía 20.000 misiles balísticos. Su propio ejército estimó el número en 2500.

El ejército israelí afirma que Irán disparó alrededor de 550 misiles durante la guerra y que al final le quedaban entre 1000 y 1500. Israel afirma que Irán poseía unas 250 lanzadoras móviles y que al final de la guerra solo le quedaban 100. Marandi estima que el número de lanzadoras, básicamente camiones fácilmente reemplazables, asciende a miles, una cifra mucho más realista para un país del tamaño de Irán. No podemos verificar nada de esto. Irán no publica sus secretos militares e Israel no es conocido por decir la verdad. Pero Irán ha dedicado décadas a construir un programa de misiles para disuadir a Estados Unidos e Israel. Es poco probable que Israel haya causado tanto daño. Incluso de acuerdo con las fuentes israelíes, Irán terminó la guerra con un arsenal significativo y, por lo que sabemos, las ciudades misilísticas subterráneas y los lugares de lanzamiento de Irán siguen intactos.

Pero la prueba más clara del fracaso israelí se produjo el martes 24 por la mañana, horas antes de que entrara en vigor el alto el fuego: Irán bombardeó Israel con repetidas salvas de misiles balísticos, lo que mantuvo a millones de israelíes en refugios, donde habían pasado gran parte de los once días anteriores.

Un misil impactó en un edificio de apartamentos en Beersheba ese mismo día, matando a cuatro personas, lo que eleva a veintiocho el número de muertos en Israel durante la guerra. Israel mató a más de seiscientas personas en Irán. Sin embargo, con unos pocos cientos de misiles, Irán agotó las reservas de interceptores de Israel en unos días y causó daños sin precedentes, destrozando la sensación de seguridad e inmunidad de los israelíes. Irán hizo uso de nuevos tipos de misiles que atravesaron con aparente facilidad los sistemas de defensa de varias capas de Estados Unidos e Israel. La censura israelí ha ocultado gran parte de los daños. Pero lo que ha podido verse ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de Israel, incluso con la masiva protección militar estadounidense. La guerra de Netanyahu dejó al descubierto que Israel es más vulnerable que nunca.

El cambio de régimen fracasó

Aunque Israel nunca admitió oficialmente que su objetivo fuera el cambio de régimen, este era claramente el objetivo de Netanyahu. Michael Oren, exembajador de Israel en Washington, reconoció que el cambio de régimen era un «objetivo implícito», afirmando que el colapso de Irán, incluso si el material nuclear se dispersaba entre facciones rivales en un «Irán balcanizado», era preferible a su actual liderazgo centralizado. Las declaraciones de Oren a la CNN el domingo pasado revelan el verdadero temor de Tel Aviv: el verdadero temor no es un Irán nuclear, sino un Irán soberano capaz de apoyar a la resistencia. El mismo temor impulsó la destrucción de Iraq, de Libia y de Siria por parte de Estados Unidos e Israel.

A pesar de las sanciones y del descontento, la República Islámica goza de legitimidad interna, afirma Marandi. La agresión conjunta de Estados Unidos e Israel, argumenta, ha fortalecido al Estado iraní y ha dejado a los sectores pro occidentales de la sociedad iraní desilusionados por el engaño occidental. «El mayor logro o regalo de Irán no se ha producido en el campo de batalla, sino en casa, entre el pueblo, que se ha unido», afirmó un iraní.

Las afirmaciones de Trump sobre la destrucción del programa nuclear iraní son, como dijo el analista Mouin Rabbani, «una fanfarronada consistente en proclamar la victoria y poder volver a casa». Es probable que Estados Unidos se diera cuenta de que el ataque israelí había llegado a su límite y que «solo tenía sentido continuar en el contexto de lograr un resultado diferente dirigido al cambio de régimen». Así pues, Netanyahu no solo no logró provocar el cambio de régimen, sino que tampoco consiguió arrastrar a Estados Unidos a una guerra más amplia. Los ataques de Trump fueron, en palabras del exinspector de armas de la ONU Scott Ritter, «un acto de teatro político».

¿Y qué hay de Gaza?

Hay quien esperaba que Irán vinculase el alto el fuego al fin del genocidio en Gaza. Es comprensible, en medio del horror insoportable y continuo vivido en la Franja. Durante los doce días de guerra con Irán, Israel mató a casi novecientos palestinos en Gaza. Pero esta vinculación era poco realista y habría sido extremadamente arriesgada.

La estrategia de Irán nunca ha sido apoyar a Palestina mediante una guerra directa con Israel. Por el contrario, ha consistido en apoyar a los grupos de resistencia indígenas. Precisamente por eso Irán ha sido considerado un objetivo. Irán dijo desde el principio que castigaría a Israel y dejaría de tomar represalias cuando Israel dejara de atacar. El objetivo de Irán era defensivo, no buscar una escalada. ¿Qué podría haber pasado, si Irán hubiera vinculado esta guerra al fin del genocidio de Gaza? Es probable que Estados Unidos hubiera lanzado una campaña de bombardeos estratégicos para salvar a Israel. Habría atacado las instituciones, la industria y las infraestructuras de Irán con aún más ferocidad que Israel. Miles de personas habrían muerto y los líderes iraníes podrían haber perdido la legitimidad interna de la que disponen para continuar esa lucha. Marandi duda que tales pérdidas hubieran proporcionado algún beneficio estratégico. A largo plazo, el objetivo de Irán es fortalecerse a sí mismo y a la resistencia en el Sur global. Irán y los movimientos de resistencia aliados nunca han tenido como objetivo derrotar a Israel de un solo golpe, sino desgastarlo. Así es como funciona la guerra asimétrica cuando se es la parte más débil frente al poderío del imperio occidental liderado por Estados Unidos.

Aunque Israel la inició, esta guerra ha contribuido a consolidar ese objetivo. Israel parece ahora débil, inestable, inseguro para vivir y totalmente dependiente del apoyo extranjero en un mundo en el que es más odiado que nunca tras casi dos años de genocidio retransmitido en directo en Gaza. Es probable que se acelere la fuga de cerebros y de capitales. Si Irán hubiera ido más lejos, habría perdido la iniciativa. Al poner fin a la guerra desde una posición de fuerza, tras mostrar sus misiles y sobrevivir a una guerra de agresión, Irán ha conservado sus capacidades y ahora puede mejorarlas. Irán no ha firmado ningún acuerdo para dejar de apoyar a ningún grupo de la resistencia. Sigue siendo independiente y soberano. No hay indicios de que esta guerra «haya alterado la postura estratégica de Irán», observa Sina Toossi, del Center for International Policy.

Peligros futuros

Aunque Irán ha prevalecido, no deben subestimarse los peligros a los que se enfrenta: Washington y Tel Aviv intensificarán sus esfuerzos para subvertirlo y debilitarlo. Los iraníes saben que no podrán descansar y, en opinión de Marandi, trabajarán inmediatamente para abordar las vulnerabilidades reveladas por el ataque israelí. «Si el alto el fuego que acaba de anunciar Trump se mantiene, y va acompañado de una diplomacia seria entre Estados Unidos e Irán, ello supondría una derrota estratégica para Israel al iniciar esta guerra», en opinión de Toossi. Pero los términos y el propósito de toda «diplomacia» son fundamentales. Irán no tiene absolutamente ninguna razón para confiar en Estados Unidos o en sus vasallos europeos. Para ellos, «negociación» significa exigencias de rendición. Cualquier negociación debe partir de una posición de fuerza.

Implicaciones globales

Como resultado de la agresión ilegal de Israel, Irán ha ganado legitimidad y apoyo internacional. Ha suscitado enérgicas declaraciones de apoyo de países de todo el mundo, entre ellos Rusia, China, Brasil y diversas naciones musulmanas y árabes. Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, regímenes árabes amigos de Israel que llevan mucho tiempo mostrándose hostiles a Irán, se han sumado a la condena de la agresión israelí.

El argumento estrella de Israel ante los débiles regímenes árabes respaldados por Estados Unidos ha sido durante mucho tiempo, que puede ayudarles a contrarrestar una supuesta amenaza de Irán. Esa oferta parece ahora mucho menos atractiva. Incluso el ataque simbólico de Irán contra una base estadounidense en Qatar, anunciado previamente para evitar víctimas, envió un mensaje claro: Irán está dispuesto a luchar en cualquier lugar de la región, si es provocado.

Este hecho debería centrar la atención de la totalidad de los actores implicados en el Golfo. Incluso Trump, cuya perfidia y temeridad contribuyeron a desencadenar la guerra, reconoció el peligro y se apresuró a apagar las llamas. Debemos esperar que este roce con un desastre regional aún mayor y el reconocimiento de la debilidad de Israel empujen a Washington a poner fin al genocidio estadounidense-israelí en Gaza. Es más probable que esto ocurra mientras siga existiendo un Irán fuerte y soberano.


Recomendamos leer Rashid Khalidi&Tariq Ali, «El cuello y la espada», NLR 147, Alexander Zevin, «Gaza y Nueva York», NLR 144, y Perry Anderson, «La casa de Sión», NLR 96. Ilan Pappé, «Fantasías de Israel. ¿Puede sobrevivir el proyecto sionista?» y «El colapso del sionismo»; Fréderic Lordon, «El fin de la inocencia» y Omar Barghouti, «Por qué creo que el movimiento  BDS nunca ha sido más importante que ahora», todos ellos publicados en El Salto».

Este artículo se ha publicado originalmente en The Electronic Intifada y se publica aquí con consentimiento expreso de su editor.