Apoyar

Paolo Virno: la revolución, alegre ambición

A quienes nunca lo conocieron, Paolo les deja textos valiosos, que seguirán siendo estudiados y, sobre todo, utilizados como armas contundentes en la lucha de clases moderna
Paolo Virno distribuyendo el periódico Potere Operaio a principios de la década de 1970
"Paolo Virno distribuyendo el periódico Potere Operaio ante una fábrica en 1972" - il manifesto / Archivo

El pasado 7 de noviembre nos dejaba Paolo Virno ( Nápoles, 1952), militante, teórico y filósofo del comunismo o, como le gustaba decir, de la “sustancia de las cosas esperadas”. Gracias a la labor editorial temprana de Traficantes de Sueños en Madrid, Tinta Limón en Buenos Aires, y a las traducciones y ediciones de Carlos Prieto del Campo, Raúl Sánchez Cedillo, Adriana Gómez, Eduardo Sadier o Raúl Olivencia del Pino, pudimos leer títulos fundamentales para la política revolucionaria del siglo XXI como Virtuosismo y revolución (2003), Gramática de la multitud (2003), “Do you remember revolution?” o En los años de nuestro descontento (2024). Publicamos aquí el recuerdo de su amigo y compañero Andrea Colombo, aparecido en las páginas de Il Manifesto.

Paolo Virno fue una figura clave de la izquierda revolucionaria italiana y también fue un editor inolvidable de este periódico.

A finales de la década de 1980, Paolo acababa de salir de una odisea judicial kafkiana, que pasó a la historia como el “proceso 7 de abril”. Le imputaron y encarcelaron con acusaciones ridículas, en las que ni siquiera creían los magistrados, que lo hicieron por la justa aunque inconfesable razón de que era un revolucionario comunista decidido a subvertir el estado actual de las cosas y convencido de que si vivimos es para caminar sobre las cabezas de los reyes. La desconfianza hacia la magistratura democrática, que nunca se resquebrajó hasta el último día de su vida, nacía de la experiencia.

Paolo llegó después a Il Manifesto, a la sección de cultura, que entonces también incluía espectáculos. Pero él no quería, y nosotros tampoco, hacer una sección cultural al uso, aunque tuviera una fuerte orientación política. Aspirábamos a crear un verdadero “contradiario”, capaz de fijarse en lo que la urgencia de la actualidad diaria empujaba a ignorar en las primeras páginas: ni las acrobacias del CAF, como se definía entonces al último directorio de la Primera República, Craxi, Andreotti, Forlani, ni siquiera los magníficos destinos de guerras de liberación muy lejanas en el espacio y quizás también en el tiempo histórico.

Sino más bien las transformaciones radicales de las fuerzas productivas que entonces, a finales de la década de 1980, aún estaban en pañales. El surgimiento de un nuevo proletariado que utilizaba el intelecto y la inventiva en lugar del cuerpo obligado a la repetición infinita de la cadena de montaje. La paradoja de una sociedad del trabajo asalariado que el propio desarrollo de las fuerzas productivas había convertido en obsoleta y parasitaria, pero de la que se estaba saliendo manteniendo sus reglas, porque así lo imponía la supervivencia del poder de mando.

Si Diario Red puede publicar lo que casi nadie más se atreve, con una línea editorial de izquierdas y todo el rigor periodístico, es gracias al apoyo de nuestros socios y socias.

Era un reto ambicioso que daría lugar al nacimiento de una revista, Luogo comune, pero que también se libraba en gran medida en las páginas de Il Manifesto. Quien quiera comprender mejor de qué se trata solo tiene que consultar la recopilación de artículos firmados por Paolo publicada hace dos años por DeriveApprodi, Negli anni del nostro scontento. Descubrirá una capacidad única para rastrear las líneas esenciales del nuevo orden social construido en la década de 1980, pero también todo lo que podía y puede socavarlo, donde menos iría uno a buscarlo: en una película de éxito, en los sentimientos dominantes de una época, en el léxico minucioso de los “intelectuales”.

En ningún momento Paolo bajó el listón, adaptándose a la triste misión de hacer el mundo un poco más justo. Sabía que sin una visión capaz de desmantelar todo el orden nunca se habría conseguido ni siquiera un salario un poco más alto. Siempre “fue a por todas”

Esa ambición plenamente revolucionaria ha sido la constante de la acción política y la reflexión filosófica de Paolo Virno. Anima, a veces abiertamente, otras como un espectro astuto capaz de disimular para incidir más profundamente, los numerosos volúmenes que ha publicado. Todos, sin excepción, apuntan a la subversión del presente, incluso cuando se centran en el ingenio o en los límites del lenguaje.

En ningún momento Paolo bajó el listón, adaptándose a la triste misión de hacer el mundo un poco más justo. Sabía que sin una visión capaz de desmantelar todo el orden nunca se habría conseguido ni siquiera un salario un poco más alto. Siempre “fue a por todas”.

Durante la mayor parte de su vida, Paolo actuó en el contexto de una derrota de la que era plenamente consciente, pero a la que nunca se resignó. Había sido militante y dirigente de Potere Operaio, una organización más influyente de lo que su tamaño actual indica, en una época casi prehistórica en la que la revolución parecía estar, y tal vez lo estaba, al orden del día.

Pero en su reflexión no hay lugar para la nostalgia y consideraba que el bagaje del pasado solo era un estorbo, salvo en el método heredado de la escuela del operaismo, pero revisado y readaptado hasta quedar a menudo irreconocible. Más bien espiaba cualquier señal que indicara el surgimiento de nuevas subjetividades y nuevas visiones, tan distantes del bagaje de ayer que le llevaban a sostener que hoy en día no se puede conciliar el ser comunista con la adhesión a la izquierda y a su tradición, más perjudicial que simplemente inútil.

Para muchos, en los numerosos ámbitos políticos en los que se movió a lo largo de su vida, Paolo Virno fue un referente, un maestro del pensamiento crítico incisivo, un compañero y un amigo. Para algunos, como quienes lo recuerdan hoy en estas páginas, ya lo era desde los tiempos del instituto romano en el que coincidimos y de Potere Operaio.

A quienes nunca lo conocieron, Paolo les deja textos valiosos, que seguirán siendo estudiados y, sobre todo, utilizados como armas contundentes en la lucha de clases moderna. Pero a ellos les faltará algo que ningún texto podrá reflejar jamás: la proverbial generosidad de Paolo, su despreocupación por el dinero rayana en la inconsciencia, su presencia inquebrantable en los momentos de necesidad, su ironía y su alegría. Eso, para quienes lo conocimos y lo quisimos, no se puede recuperar. Pero haberlo tenido como gran amigo fue un privilegio excepcional.


Este artículo se ha publicado originalmente en Il manifesto y se publica con consentimiento expreso de su editor.