¿Por qué Israel está tratando de provocar una «explosión» en Cisjordania?
El Estado terrorista de Israel está ejerciendo una represión desmesurada en Cisjordania, empujándola al borde de la «explosión» de la población palestina. He aquí explicado el motivo de tanta barbarie fascista y de la ceguera epistémica de las clases dirigentes y dominantes prosionistas ante la situación en Palestina.
Israel está ejerciendo una represión desmesurada en Cisjordania y empujándola al borde de la «explosión» de la población palestina, cuyas formas de hostigamiento retrotraen el comportamiento del Estado y de la sociedad israelí a las formas más corruptas, violentas, decadentes y degradadas de las sociedades coloniales construidas por Occidente de modo clásico durante los largos siglos XIX y XX. Dada la complicidad y la ceguera de las clases dirigentes occidentales, cuya incapacidad de comprender el funcionamiento del capitalismo en esta coyuntura histórica no les permite ver esta regresión político-ontológica y el despliegue de esta barbarie fascista, ¿por qué el campo de la izquierda no logra producir verdad cognitiva alternativa a escala de masas e introducir la polivalencia de este dato en la producción de la teoría de lo sucedido y en la activación de la construcción de las nuevas máquinas políticas aptas para librar la guerra de clases capaz de destruir la organización política y los modelos de acumulación de capital impuestos por las actuales clases dominantes y generadores de tal regresión bárbara y reaccionaria?
La aceleración de la represión israelí en Cisjordania durante los últimos dos años ha llegado a un punto en el que parece haberse convertido en la nueva normalidad. Los palestinos afirman que el estrangulamiento de su vida cotidiana y el régimen crónico de cercamiento y de apropiación de tierras han llegado para quedarse, y muchos describen la situación sobre el terreno como «irreversible». Pero este hostigamiento intensificado también contradice la política israelí, seguida desde hace mucho tiempo, de evitar «fricciones» en Cisjordania para prevenir una «explosión» de la población palestina como respuesta a la represión israelí. Este fue el enfoque dominante de los sucesivos gobiernos israelíes hasta el 7 de octubre de 2003.
A finales del pasado mes de febrero, poco antes del comienzo del mes de Ramadán, el ejército y los servicios de seguridad israelíes advirtieron al gobierno israelí de una posible escalada de la «violencia» palestina en Cisjordania. En el pasado, se ha constatado que el mes sagrado coincidía con una escalada de tensiones políticas en el territorio debido al papel desempeñado por la oración en la mezquita de Al-Aqsa para galvanizar las protestas en torno a los derechos de los palestinos a practicar libremente su religión en Jerusalén. Históricamente, Israel ha intentado mantener la calma durante estos meses permitiendo a los palestinos de Cisjordania obtener permisos para entrar en Jerusalén y visitar Al-Aqsa. Pero este año Israel rompió con esta convención, expidiendo tan solo 10.000 permisos, los cuales se han restringido a personas menores de 12 años, a hombres mayores de 55 y a mujeres mayores de 50. Sin embargo, una vez que comenzó la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, el ejército genocida israelí revocó la totalidad de los permisos relacionados con el Ramadán.
Esta decisión se produce después de que los colonos terroristas israelíes irrumpieran en el recinto de Al-Aqsa veinticuatro veces tan solo durante el mes de febrero, lo cual ha implicado que miles de israelíes participaran en la realización de rituales religiosos judíos en violación del statu quo aceptado en el lugar. Todo ello representa una fuerte escalada, dado que irrupciones similares en el recinto de Al-Aqsa durante el Ramadán han provocado protestas generalizadas en el pasado tanto en Jerusalén como en el resto de Cisjordania. El ejemplo más reciente fue la «Intifada de la Unidad» de 2021, que estalló en respuesta a las provocaciones perpetradas por Israel en Al-Aqsa y a la amenaza de desalojar a los residentes del barrio de Sheikh Jarrah. Es como si el gobierno israelí estuviera tratando deliberadamente de provocar una explosión en Cisjordania en contra de todas las advertencias de las fuerzas de seguridad israelíes de que esta podría en realidad producirse facilmente. Pero, ¿por qué querría Israel tal conflagración?
En opinión del historiador palestino Bilal Shalash, Israel ha entrado «en una fase en la que intenta poner fin de forma decisiva al conflicto con sus vecinos, lo cual queda demostrado por sus agresiones a Irán y Líbano, a la que se suma su asalto a Cisjordania donde el Estado genocida israelí intenta eliminar definitivamente los obstáculos que se interponen a sus designios. «Israel se halla espoleado a seguir tal curso de acción, porque su principal patrocinador y aliado, Estados Unidos, está intentando hacer lo mismo a escala mundial, de América Latina a Irán, que también es el centro de la oposición al dominio de Israel en la región».
Shalash sostiene que ello supone una ruptura con la política israelí precedente consistente en lanzar operaciones de represión periódicas a menor escala contra las comunidades palestinas con el fin de evitar un conflicto de grandes dimensiones. Esas oleadas de represión limitadas, que los funcionarios israelíes han denominado rutinariamente «cortar el césped», estaban diseñadas para mantener las tensiones políticas por debajo de un umbral determinado e «iban seguidas de períodos de relativa estabilidad», explica Shalash. Esta filosofía ha sido la doctrina que ha regido el régimen israelí desde que ocupó Cisjordania en 1967. «Los generales israelíes recomendaban que, mientras la vida cotidiana transcurriera con normalidad, sin grandes convulsiones, Israel hiciera frente a los actos de resistencia de forma individual», señaló.
Pero históricamente, dice Shalash, Israel también ha interrumpido esta estrategia para intensificar su represión contra los palestinos, cuando una ola de resistencia palestina a gran escala lo ha tomado por sorpresa. «Este fue el caso a finales de la década de 1960 y principios de la de 1970, cuando se verificó una ola de resistencia armada palestina, […] y a finales de la década de 1980 y principios de la de 1990 como respuesta a la Primera Intifada». Otros acontecimientos fueron la Operación Escudo Defensivo de 2002, en respuesta a la Segunda Intifada, y la actual escalada sin precedentes de los últimos dos años, que siguió al 7 de octubre de 2023. Esta última campaña, sin embargo, también ha marcado un cambio cualitativo, según Shalash, quien explica que el ataque de Hamás llevó a los líderes israelíes a concluir que «cortar el césped» ya no funcionaba. «Esta ola intensificada de represión israelí tiene una nueva característica: está intentando crear realidades demográficas y geográficas que sean irreversibles», afirmó.
Estos hechos irreversibles son el desplazamiento de miles de palestinos, perpetrados en ocasiones borrando comunidades en su totalidad, de amplias zonas de Cisjordania, y la simultánea anexión de facto esas áreas. La hipótesis es que esto conducirá a lo que Shalash describe como un «resultado “decisivo”» en el que «los palestinos quedarían acorralados en guetos aislados situados en el interior de un territorio anexionado». «Los palestinos no tendrían un sistema político propio y vivirían en condiciones, que les empujarían a abandonar el país en masa», explicó Shalash. Sin embargo, que esto llegue a suceder depende de cómo reaccione el pueblo palestino, subraya este investigador. Este factor concreto es la principal diferencia entre la actual represión israelí y las anteriores, afirma por su parte Khaled Odetallah, fundador de la Universidad Popular de Palestina y uno de los coeditores de Al-Janub: The Palestinian Journal for Liberation Studies, quien señalo lo siguiente:
La diferencia es que esta vez Israel también está aprovechando la parálisis generalizada de la sociedad palestina, producto de la enorme represión desatada durante los últimos años y que se ha intensificado enormemente desde octubre de 2023 […]. Israel ha desmantelado efectivamente todas las estructuras sociales, que podrían generar una reacción colectiva ante lo que está haciendo en Cisjordania, del cierre de ONG y asociaciones de derechos humanos a la detención masiva de activistas sindicales y estudiantiles, incluido el desplazamiento de enteros campos de refugiados, como ha sucedido en Jenin y Tulkarem.
En ausencia de una entidad palestina fuerte capaz de plantar cara, Odetallah afirma que «es difícil vislumbrar cómo podría detenerse el proceso “decisivo”, que Israel ha puesto en marcha en Cisjordania».
Cómo resistir el plan «decisivo» de Israel
La situación que describen Shalash y Odetallah es grave. Pero Odetallah afirma que las cosas podrían incluso empeorar. «Toda la relevancia de la Autoridad Palestina se basa en la insistencia de los Estados del Golfo en un Estado palestino como condición para normalizar las relaciones con Israel», explica Odetallah, «pero eso podría cambiar como consecuencia de la guerra en curso contra Irán». «No estamos en el preludio de este proceso “decisivo” –afirma Odetallah–, estamos en pleno proceso. Normalmente, esto provocaría una reacción por parte palestina, pero hasta ahora esta reacción brilla por su ausencia».
En opinión de Odetallah, en estos momentos el pueblo palestino debe considerar fundamentalmente la permanencia en sus tierras y la resistencia a las implacables presiones, que Israel está ejerciendo sobre las comunidades palestinas para que hagan las maletas y se marchen. Los palestinos han denominado a esta estrategia sumud, o «firmeza», que Odetallah no considera una postura pasiva. «Es un esfuerzo por mantener la capacidad de la gente para quedarse y vivir como colectivo», ha explicado. «Esta firmeza requiere mucho trabajo, tanto social como económico, y también mucho apoyo, sobre todo porque la actual ofensiva israelí “decisiva” no da señales de detenerse».
Desde el comienzo del Ramadán hace tres semanas, las fuerzas israelíes han llevado a cabo más de doscientas detenciones en Cisjordania, según el Palestinian Prisoners Club, que también ha informado de un aumento de las redadas en las celdas de los presos palestinos por parte de las fuerzas del servicio penitenciario israelí. Por su parte, las fuerzas terroristas israelíes han demolido más de trescientas propiedades palestinas en Cisjordania desde principios de año, según el Jerusalem Legal Aid Center. A esta realidad se suma el aumento vertiginoso de la violencia de los colonos terroristas israelíes, que ha causado la muerte de cinco palestinos en Cisjordania solo en la última semana.
Todas estas medidas están llegando a un punto crítico en vísperas de las elecciones israelíes, previstas para el próximo mes de noviembre. A mediados de febrero, Smotrich expuso su visión de las próximas tareas del gobierno israelí en un discurso público pronunciado en un asentamiento de Cisjordania. Subrayó que el próximo gobierno israelí debe «revocar los Acuerdos de Oslo y extender la soberanía israelí» a Cisjordania. También afirmó que Israel debe «tomar medidas prácticas para fomentar la emigración» de los palestinos fuera de Cisjordania y Gaza. En opinión de Smotrich, esto garantizaría la «solución a largo plazo» a la cuestión palestina. Esta «solución» no es más que la limpieza étnica expresada con otro nombre. Por eso el gobierno israelí está tratando de provocar un estallido en Cisjordania, que quiere utilizar como excusa para avanzar hacia la acción «decisiva» que lleva décadas buscando.
Recomendamos leer Qassam Muaddi, «Estados Unidos ha anunciado la «Fase 2» del alto el fuego en Gaza, que deja indiferente a los palestinos por su vacuidad y su inalterada violencia genocida», Mitchell Plitnick, «La ocupación estadounidense de Gaza ha comenzado», Jeremy Scahill y Jawa Ahmad, «Exclusiva: Hamás afirma que no se desarmará unilateralmente, mientras Trump y Netanyahu amenazan con reanudar la guerra genocida a gran escala», «El inquebrantable Nael Barghouti» y «Trump, Gaza y los Acuerdos de Oslo: un déjà vu», Nora Barrows-Friedman, «El Estado genocida de Israel castiga Gaza mientras ataca Irán», Ali Abunimah, «La Junta de Paz de Trump: multimillonarios, compinches y genocidas», Craig Mokhiber, «El mundo de rodillas: la «Junta de Paz» de Trump y los tiempos oscuros que se avecinan» y «La ONU abraza el colonialismo: análisis del mandato del Consejo de Seguridad para la administración colonial estadounidense de Gaza», todos ellos publicados en Diario Red. Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Informes de la Relatora Especial sobre la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados desde 1967, Francesca Albanese, «El genocidio como supresión colonial» (2024), «Anatomía de un genocidio» (2024), «De la economía de la ocupación a la economía del genocidio» (2025) y «Gaza Genocide: a Collective Crime» (2025). Ilan Pappé, «Fantasías de Israel. ¿Puede sobrevivir el proyecto sionista?» y «El colapso del sionismo», El Salto. Antony Loewenstein, El laboratorio palestino (2024). Baruch Kimmerling, Politicidio: La guerra de Ariel Sharon contra los palestinos (2004).
Este artículo se ha publicado originalmente en Mondoweiss y se publica aquí con consentimiento expreso de su editor.