México

“21 centavos de cada 100 pesos: eso pagan de impuestos los súper ricos en México”: Carlos Brown en La Base América Latina

Carlos Brown en entrevista con La Base América Latina
El economista Carlos Brown advierte que la extrema concentración de riqueza en México no es un accidente económico, sino el resultado de decisiones políticas que han permitido que una pequeña élite acumule casi la mitad de la riqueza nacional mientras aporta muy poco al sistema fiscal

En La Base América Latina, el economista político Carlos Brown, director de programas en Oxfam México y coautor del informe El secuestro de la democracia, analizó las conclusiones del estudio sobre desigualdad en el país. Para Brown, las cifras revelan una injusticia estructural: mientras un pequeño grupo concentra una enorme riqueza, su contribución al financiamiento del Estado es mínima.

El especialista sostiene que la desigualdad en México no es un fenómeno reciente, sino un problema histórico profundamente arraigado en la estructura económica y política del país.

“Me indigna y me moviliza en partes iguales”, afirma Brown al evaluar los resultados del informe. La indignación, explica, proviene de confirmar que el país mantiene una concentración extrema de riqueza desde hace décadas; la movilización, en cambio, surge porque esta situación puede cambiar si se toman decisiones políticas distintas.

Brown señala que México es una de las economías más grandes del mundo, alrededor del lugar 12 o 13 a nivel global, pero su sistema fiscal funciona como el de un país con graves limitaciones estructurales

Un sistema fiscal débil en una gran economía

Uno de los puntos centrales del informe es la debilidad histórica del sistema fiscal mexicano. Actualmente, la recaudación tributaria del país se sitúa entre 16 y 17% del Producto Interno Bruto, una cifra significativamente inferior a los estándares internacionales.

Para dimensionar el problema, Brown señala que México recauda cinco puntos porcentuales menos que el promedio de América Latina y el Caribe, y aproximadamente la mitad de lo que recaudan los países desarrollados de la OCDE.

La paradoja es evidente: México es una de las economías más grandes del mundo, alrededor del lugar 12 o 13 a nivel global, pero su sistema fiscal funciona como el de un país con graves limitaciones estructurales.

“Somos una economía de desarrollo medio, pero recaudamos como un país con altísimos niveles de pobreza”, explica el economista.

Esta situación, sostiene, se explica en buena medida por una alianza histórica entre el Estado mexicano y los grandes grupos empresariales, que durante décadas permitió mantener bajos los impuestos a las grandes fortunas. En el pasado, el petróleo funcionó como una fuente alternativa de ingresos públicos que permitió sostener ese arreglo.

Sin embargo, los ingresos petroleros han caído significativamente en los últimos años, lo que ha dejado al descubierto la fragilidad del sistema fiscal.

La desigualdad en cifras

El informe revela un dato particularmente revelador sobre la distribución de la carga fiscal en México.

De cada 100 pesos que recauda el Estado en impuestos federales, apenas 21 centavos provienen de individuos con ingresos superiores a 500 millones de pesos anuales. Para Brown, esta cifra muestra con claridad la inequidad del sistema tributario.

“Quienes realmente sostienen la recaudación son las personas trabajadoras”, señala, en contraste con el discurso frecuente de que los grandes empresarios son quienes financian el funcionamiento del Estado.

Mientras tanto, el informe documenta que una pequeña élite concentra alrededor del 45% de la riqueza nacional, lo que revela un desequilibrio profundo entre acumulación de riqueza y contribución fiscal.

Las reformas fiscales que propone el informe

Ante este panorama, Brown plantea que México necesita una reforma fiscal progresiva que permita redistribuir de manera más equitativa la carga tributaria.

Entre las medidas propuestas se encuentran:

  • Reintroducir impuestos a herencias y sucesiones, que existieron en México hasta la década de 1960.
  • Establecer impuestos a las grandes fortunas.
  • Fortalecer el impuesto predial con criterios progresivos, de modo que las propiedades de mayor valor paguen más.
  • Gravar bienes de lujo, como jets privados, yates o vehículos de altísimo costo.

La lógica detrás de estas medidas es simple, señala Brown, citando al economista y premio Nobel Joseph Stiglitz: los impuestos deben cobrarse donde está el dinero.

“Si queremos financiar un Estado que garantice derechos y bienestar, tenemos que cobrar impuestos donde está concentrada la riqueza”, afirma.

Brown considera que incluso desde una perspectiva pragmática, la extrema concentración de riqueza tampoco beneficia a las élites económicas

La reacción de las élites económicas

El economista reconoce que la reacción inicial de los sectores más ricos ante este tipo de propuestas suele ser negativa.

“De entrada, la reacción es visceral”, explica. Después de todo, estas políticas implican que las grandes fortunas contribuyan de manera más significativa al financiamiento del Estado.

Sin embargo, Brown considera que incluso desde una perspectiva pragmática, la extrema concentración de riqueza tampoco beneficia a las élites económicas.

La desigualdad excesiva, advierte, tiene efectos negativos en varios niveles: reduce el dinamismo económico, genera tensiones sociales y contribuye a problemas estructurales como la crisis climática.

Un país profundamente desigual, señala, es también un país más inestable.

La desigualdad como problema de poder

Para Brown, el problema de fondo no es únicamente económico. Hablar de riqueza también significa hablar de poder político.

Cuando un grupo muy pequeño concentra grandes recursos, también adquiere una capacidad desproporcionada para influir en las decisiones públicas. Esto se traduce en acceso privilegiado a los espacios donde se definen políticas económicas, regulaciones o inversiones públicas. “Hablar de riqueza es hablar de poder”, sostiene.

Ese poder permite a las élites económicas influir en las reglas del juego y, en muchos casos, bloquear reformas que podrían reducir la desigualdad.

El resultado es un círculo vicioso: la concentración de riqueza genera poder político, y ese poder político reproduce las condiciones que permiten seguir concentrando riqueza.

En un escenario de crecimiento limitado, explica Brown, la economía se convierte cada vez más en un juego de suma cero, donde lo que ganan unos puede implicar pérdidas para otros

El debate sobre crecimiento y redistribución

Durante la entrevista también se abordó un argumento frecuente en el debate público: la idea de que no hay problema si los ricos siguen acumulando riqueza mientras los ingresos de los sectores populares también mejoran.

Brown cuestiona esa visión, especialmente en un contexto de bajo crecimiento económico y crisis climática.

En un escenario de crecimiento limitado, explica, la economía se convierte cada vez más en un juego de suma cero, donde lo que ganan unos puede implicar pérdidas para otros.

Además, cuando la riqueza se concentra excesivamente, el poder económico termina moldeando las decisiones políticas en beneficio de una minoría.

Por ello, el economista insiste en que reducir la desigualdad no es solo una cuestión moral, sino también un requisito para fortalecer la democracia.

Romper el círculo de la desigualdad

El informe presentado por Oxfam busca precisamente abrir ese debate en México: cuestionar la naturalización de la concentración de riqueza y plantear alternativas para construir una economía más equitativa.

Para Brown, el punto de partida es reconocer que la desigualdad no es inevitable. Es el resultado de decisiones políticas que pueden modificarse.

“Romper ese círculo vicioso es fundamental”, concluye. “Porque hoy tenemos un sistema donde unos pocos ganan mucho, pero la enorme mayoría pierde”.


Para ver la entrevista completa y el programa "Récord de los milmillonarios en México: el 1% que concentra riqueza y poder | La BaseLatam 1x149" sigue el enlace: