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El cierre de Laura Arroyo

Criptopresidente y la bestialización del capitalismo #ElCierre

Estamos viendo en vivo y en directo el paradigma y la seña de identidad de estos tiempos de bestialización capitalista que quedan muy bien ejemplificados en lo que hizo Javier Milei el viernes

Cuando conocí la noticia este fin de semana no dejaba de preguntarme por qué me sorprendía tanto. Es verdad que el escándalo que supone que nada menos que un presidente esté involucrado directamente en una estafa de las magnitudes de las que hablamos con Javier Milei –una operación que ha alcanzado los 2 mil millones de dólares– no deja de ser enorme, pero también es verdad que llevamos ya buen tiempo alertando a la vez que viviendo y probando de primera mano lo que significa esto que algunas hemos llamado “bestialización del capitalismo”.

Como recordamos siempre en estos cierres que comparto con ustedes cada día, el capitalismo como promesa dejó de serlo hace mucho porque un sistema que perpetúa las desigualdades no puede mantener el mito de su promesa. Fue entonces que se produjo el tránsito a su siguiente fase: el neoliberalismo. Un neoliberalismo que asumió aún cierta promesa, pero que era promesa sólo para algunos. Unos se benefician y otros mueren en el intento. Palabras como “meritocracia” o “emprendedurismo” entran en esta ecuación y así el mantra “sálvese quien pueda” se vuelve hegemónico. Una suerte de “no todos podrán ser exitosos, encárgate de ser tú la excepción a la regla”. Una idea que pulveriza lo común, lo colectivo, lo social, la solidaridad, etcétera. Pero esta fase también caducó, sobre todo cuando la evidencia de la desnudez del sistema o de su incompatibilidad con las vidas se agudizó no sólo con la crisis económica de 2008, sino sobre todo con la pandemia. Ya no había promesa posible, pero en ese terreno estéril de promesas necesitaba construirse algo que genere cierto tipo de atractivo. Y entonces entramos a la siguiente fase, a la que me atrevo a decir que es moneda corriente hoy: la bestialización del capitalismo. Y para eso había que acabar con los obstáculos de esa ola bestia. La democracia, fuera; el derecho internacional, fuera; los derechos humanos, fuera; los acuerdos limitados, pero con cierto consenso, como el Acuerdo de París o las cumbres del clima, fuera. Se acabó la hipocresía del sistema capitalista para dar paso a la bestialización de la honestidad más cruda. Máscaras, fuera; hipocresía, fuera. Y aquí estamos.

Es en este contexto que se inscribe la barbaridad que ha hecho el presidente ultra Javier Milei. No es sólo que se trate de un presidente criptobro, o un criptopresi si quieren; no es sólo que hablemos de la pérdida de miles de dólares, millones en general, para más de 44 mil personas que alrededor del mundo –no sólo argentinos, ojo– que creyeron en las palabras de Milei. Es que estamos viendo en vivo y en directo el paradigma y la seña de identidad de estos tiempos de bestialización capitalista que quedan muy bien ejemplificados en lo que hizo Javier Milei el viernes.

Tal vez hay que ser cruda, pero toca decir que no estamos ya en el “sálvese quien pueda”, sino en el “destroza a quien puedas… Para salvarte”. Esto que ya lo veíamos por parte de cierta institucionalidad, como con las políticas migratorias, o especialmente con el genocidio contra el pueblo palestino, no es ya sólo una seña de los espacios de poder, sino que supone la construcción de nuevos paradigmas sobre la interacción entre sujetos y nuestra forma de politizarnos. No olvidemos que el neoliberalismo no es sólo un sistema económico, sino un proyecto ideológico que construye también subjetividades entre los sujetos y esto es lo que vemos como telón de fondo de esta estafa de Javier Milei: aprovéchate de quien puedas, destroza a quién puedas, quiebra a quien puedas… Todo sea para ganar tú. Del individualismo exacerbado al bestialismo de la individualidad. Es decir, a la destrucción del otro para sobrevivir.

Por eso la estafa que tiene al presidente de Argentina como principal protagonista no es sólo una estafa –que ya es mucho– potenciada por un mandatario, sino una seña de estos tiempos en materia de paradigma político y social. Porque, además, por cierto, hay quienes quieren decir que Javier Milei no es tan responsable de una estafa no tanto por su ignorancia respecto al tema (que manda huevos que la promesa economista de América del Sur como lo vendieron ahora resulta ser un ignorante en operaciones financieras), sino porque en realidad los responsables son los creadores de la moneda y no quien la avaló. Lo diré muy claro: la estafa es Javier Milei. El presidente argentino es en sí mismo la estafa que hemos visto este fin de semana porque, ojo, ninguna moneda hubiera logrado ese nivel de crecimiento si no hubiera habido una figura que la potenciara de esa manera. La clave en estas operaciones financieras no es tanto la moneda en sí, sino el capital simbólico que alguna cara conocida les otorga. Milei es, por eso, él mismo la estafa. El eje de la estafa. El centro. El artífice. El responsable principal de la estafa. Por eso el juicio político o cualquiera de las acciones de reproche popular y de condena política y social son necesarias.

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Todavía está por verse en qué acabará el impacto de esta estafa criptopresidencial, pero sin duda no es ahí, en el impacto, donde acaba lo que hemos visto este fin de semana. Insisto, no es sólo una cuestión de movimientos financieros, sino un paradigma de este capitalismo bestializado que tiene también en Trump un ejemplo –aunque él lo hizo mejor que el león de las finanzas Milei que ha demostrado ser menos que un gatito–, que tiene en la internacional reaccionaria evidencias de lo que nos va a costar no sólo económicamente, sino políticamente el precio de cederles un milímetro de poder. Su “libertad financiera” es la estafa de las mayorías. Su “viva la libertad, carajo” es la destrucción del vecino. Su bestialización estética es también la impunidad cuando cometen este tipo de atropellos. Ellos, en realidad, son el capitalismo en su nueva fase. Nada nuevo. Por eso nosotras tenemos que ser ese anticapitalismo feminista y democrático que sea capaz de poner el cascabel al gato, nunca mejor dicho, porque lo que hacen es replicar lo que ha hecho este sistema siempre: quedarse unos pocos con lo de todas a costa de las mayorías. La diferencia es que lo ha hecho en nuestra cara sin ningún rubor. Que sirva para despertar ya del aletargamiento de los discursos del mal menor. Hasta mañana.


Puedes ver el cierre en El Tablero por Canal Red aquí: