Motosierra a la democracia argentina #ElCierre
En el país de “la libertad, carajo” no puedes protestar. En el país de “la libertad, carajo” no puedes discrepar. En el país de “la libertad, carajo” no puedes reclamar. En el país de “la libertad, carajo” no puedes hacer valer tus derechos. Y en el país de “la libertad, carajo” hoy ya no puedes elegir. Ayer la Corte Suprema ratificó la condena contra Cristina Fernández de Kirchner, es decir, la condena a seis años de prisión y la inhabilitación política de por vida, de forma perpetua, lo que no pudieron lograr con una bala porque no salió –¿recuerdan el intento de magnicidio de septiembre de 2022?– lo logran de alguna forma con esta sentencia. En el país de “la libertad, carajo”, en realidad, ya no puedes votar. “La libertad, carajo” era en realidad “carajear” la democracia.
Esto de pronto nos resuena. Esta mañana se activa en nuestra memoria esa Operación Cóndor: esa operación que intervino –y ha dejado demasiadas secuelas todavía– en la política de nuestra región, que se hizo cargo de “carajear” nuestra soberanía, que exigía que viviéramos con la cabeza gacha. Y nos resuena hoy porque esa operación intervencionista, imperialista y capitalista no tenía como objetivo quebrar nuestra soberanía sólo porque sí, sino porque al hacerlo lograba el objetivo de fondo: mantener el poder sobre nuestros territorios. Convertirnos en el patio trasero. Doblegarnos a los intereses del gran imperio y el gran capital. ¿Qué ha cambiado, hermanos y hermanas? Algunos dirán que muy poquito y es verdad que viendo la Argentina de “la libertad, carajo” lo parece, pero la operación Cóndor tuvo que actualizarse porque nuestra resistencia también se actualizó, se fortaleció y se levantó. El pueblo de América Latina le torció el pico a ese cóndor imperialista. No solo desnudamos su golpismo capitalista, sino que en muchos países –lamentablemente no en todos– los gobiernos populares ganaron pese a estas intervenciones golpistas. No olvidemos que la democracia en nuestra región se construye contra las intervenciones imperialistas, de una corona europea primero o del imperialismo yankee después. Pero ese imperialismo que interviene y derruye sigue actualizándose de la mano de los serviles de turno. Eso es Javier Milei como lo fue Mauricio Macri: ambos instrumentos del capital y, por tanto, defensores de la subordinación de nuestros pueblos a ese intervencionismo. No es casual que ambos estén muy vinculados a quienes persiguieron judicialmente y hoy condenan a Cristina Fernández. Huele a intervencionismo capitalista en esta condena. Apesta a imperialismo. Apesta a siervos.
En este golpismo efectuado ayer se siente algo más que intervencionismo. Se siente también debilidad y cierto temor. ¿Qué tan asustados deben sentirse los poderes para necesitar neutralizar a una voz que les hace sombra? Puede gustarte o no Cristina Fernández, puedes o no estar de acuerdo con su proyecto político o su ideología, pero algo no puedes negar esta mañana: que es la alternativa, la más potente, la que, además, con esta decisión judicial, empieza a tejer una articulación política distinta en torno a su figura. Más potente. Habrá que seguirle la pista a esa respuesta popular que no se ha hecho esperar y que sabe que el adversario está al frente y que frente a ese adversario se construye entre todos.
¿Por qué? Porque Javier Milei no existe por sí solo, así como Mauricio Macri tampoco. Ambas presidencias tenían un apoyo fundamental para existir. Así como Macri en su día, Javier Milei existe y es porque los capitales así lo permiten. Desde el FMI al que se ha arrodillado como buen súbdito del imperio (vaya leoncito ridículo) hasta el poder empresarial internacional, el poder tecno feudal o el poder tecno mercantil con la filosofía criptobroísta en el centro. Javier Milei fue un producto mediático –como lo fue Trump– y hoy sigue siendo la resaca de ese producto enarbolando la motosierra que el gran capital le permite implementar porque ese ha sido siempre el sueño del capital: motosierra contra las mayorías, dádivas y “libertad carajo” para las minorías.
Por eso la sentencia contra CFK se inscribe en una foto más grande. No son tiempos de normalidad. No son tiempos de predictibilidad. No son tiempos de estabilidad. Pero no sirve de nada tampoco añorar los pasados que ya no lo eran tampoco. Eran tiempos menos bestias, pero no por eso más justos. Pregúntenselo precisamente al pueblo argentino, que tuvo que padecer el neoliberalismo feroz del macrismo y también el malmemorismo inútil que pone una alfombra roja a las bestias políticas como Milei. Esa es la gran lección de este periodo, pero lo de ayer anuncia. Anuncia temores en el poder, es decir, grietas. El pueblo argentino no logra sacar a Milei, pero vaya si lo está desesperando, lo suficiente como para que todos los poderes tengan que entonar una sinfonía coordinada, aunque muy desafinada para neutralizar a quien puede hacerle frente.
Los tiempos de golpes militares con tanques y con armas parecen cada vez más lejanos, pero no porque los golpes se hayan hecho anacrónicos, sino porque las vías del golpismo se han actualizado. ¿Para qué usar tanques si tienes sentencias del poder judicial escritas a puño y letra por jueces corruptos que utilizan el cargo para interferir en la política en favor de sus amigotes? ¿Para qué usar armas de fuego si tienes a periodistas e influencers bailando al son de esa orquesta judicial con el fin de sembrar dudas y caos –nunca pruebas– con el fin de matar políticamente a un rival? El lawfare es una estrategia golpista que conocemos bien en América Latina. Lo probó Lula con sus más de 500 días en la cárcel o Pedro Castillo más de un año en prisión preventiva en Perú hasta la fecha. Lo sabe Rafael Correa, ¡vaya si lo sabe! Y aunque se anticipaba y no podemos decir que nos toma por sorpresa, lo sabe más hoy Cristina Fernández de Kirchner. Y por eso no está sola. Porque si algo aprendimos es también a responder al golpismo en su versión siglo XXI, en su versión institucionalista, pero igual de golpista que siempre. No quieren arrriesgarse a perder en las urnas, necesitan garantizar que las urnas les beneficien y por eso hay que sacar de juego a quien pueda ser un rival y usan a los jueces y a los medios para eso. Por supuesto que los medios manipulan a un pueblo, ¿por qué creen que los poderes económicos tienen medios de comunicación con los que no ganan dinero? Porque ganan poder. No es que la gente sea idiota, es que el sistema está al servicio del capital y escaparnos de eso supone impugnarlo todo.
Cristina no es rival sólo de Javier Milei. Ella es en este momento una rival al modelo de estos falsos libertarios que solo son el neoliberalismo despiadado de toda la vida, pero en una versión intensiva. Una especie de crueldad en versión premium, lo que llamamos la bestialización del capitalismo y es ahí donde apuntan los poderes: a garantizar esa bestialización de la que están sacando muchos réditos económicos, criptoestafas incluidas. Y mientras se llenan los bolsillos siembran el escenario para mantenerse en lugar ventajoso mientras todo arde porque lo hacen arder. Son los ganadores del modelo quienes se encargan de que nadie lo ponga en riesgo. La sentencia a Cristina es esa estrategia de supervivencia bestial y es además una venganza.
A Cristina la odian y le temen y eso debería ser un galardón, pero es a la par una factura que toca pagar colectivamente. No hace falta ser kirchnerista para defender a Cristina porque basta sólo con ser demócrata como ayer han demostrado varios líderes políticos argentinos que están a la altura. ¿Por qué? Porque en el país de “la libertad, carajo” hoy no se puede elegir, es decir, no puedes votar. Lo que te han quitado ayer, Argentina, no es la libertad de una referente política; lo que te han quitado ayer, Argentina, es el derecho a voto. Así de claro. El lawfare es la ruptura de la democracia. Cristina se salvó de una bala, pero no del lawfare que pretende el mismo resultado: sacarla de juego y, por tanto, Argentina a día de hoy no es ya una democracia. Detenciones arbitrarias sin orden judicial, represión institucional violenta en las calles, recorte de derechos, desmantelamiento del Estado en perjuicio de las mayorías sociales, negacionismo de la memoria democrática y hasta promesa incumplidas con respecto al programa electoral como cuando el leoncito Milei prometía no seguir los designios del FMI, algo que “olvidó” al llegar a la Casa Rosada.
En el país de “la libertad, carajo” tres jueces que no votó nadie han decidido por más de 12 millones de votantes. Nunca ha sido tan claro como esta mañana que su libertad siempre fue en realidad libertología barata. No te quieren libre, te quieren siervo. Sólo libre si estás en su bando. Es decir, te quieren lacayo. Pero recuerden, hermanos y hermanas argentinos, que si están haciendo todo esto es porque están asustados y cuando hay miedo, hay errores. El golpismo ayer ha dado un manotazo fuerte, pero al hacerlo se ha desprotegido el rostro. Pueblo argentino, ahora te toca a ti. Hasta mañana.
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