Baloncesto

Los 671 puntos de George Gervin en Manresa

George Gervin - basquetmanresa.com

Hubo un tiempo en el que el baloncesto europeo era un caramelo para estrellas de la NBA ya veteranas. En Italia recalaron varios, como el legendario Bob McAdoo. Y en España algunos más, de los que cabe destacar a George Gervin, un auténtico mito en su país

El baloncesto ha dado siempre momentos que no se olvidan. Como no olvidan en Manresa que una vez, hace ya 35 años, vistió su camiseta uno de los jugadores más legendarios de la historia de la NBA: George Gervin, bautizado como ‘Iceman’ por su frialdad, su actitud siempre imperturbable con el balón en las manos y de cara a canasta.

Gervin no sólo fue un gran jugador, fue sobre todo uno de los máximos anotadores del baloncesto profesional estadounidense, en el que repartió su carrera entre los Virginia Squires (ABA), San Antonio Spurs (ABA y NBA) y Chicago Bulls. En los Squires coincidió con otra leyenda como Julius Erving.

En la Liga ACB, Gervin jugó 24 partidos, un total de 847 minutos (una media de 35), en los que sumó 671 (27,9 por partido). Su partido anotadoramente más brillante fue el último, uno de los más decisivos: el cuarto del playoff por la permanencia contra el Tenerife, el 24 de mayo de 1990: aquella tarde metió 43 puntos. Dos días después, también en cancha canaria, en el cuarto duelo, se quedó en 31. En los dos anteriores de la serie había anotado 39 y 33 respectivamente. El TDK Manresa ganó el playoff y evitó el descenso.

¿Cómo llegó Gervin, uno de los mejores 50 jugadores de la historia de la NBA, a una pequeña ciudad catalana?

Tenía entonces ya 38 años de edad y lógicamente su carrera en la NBA ya había acabado. Pero siguió jugando: un año en Roma y otro en la CBA, una liga semiprofesional en Estados Unidos. Entonces se le planteó la posibilidad de acabar la temporada 1989-90 en España, y aceptó. Así relevó al alero yugoslavo Boban Petrovic y se convirtió, en enero de 1990, en compañero de otros ilustres veteranos como Joan ‘Chichi’ Creus y el azulgrana ‘Lagarto’ De la Cruz, que las estaban pasando canutas en la Liga. En aquel equipo, que dirigía el entrenador puertorriqueño Flor Meléndez, jugaba también un entonces muy joven Joan Peñarroya, el actual entrenador del FC Barcelona.

El impacto de su llegada a Manresa fue extraordinario. La noche de su debut, en partido de Liga contra el Cajacanarias, el viejo pabellón manresano, ya de por sí pequeño, quedó más pequeño aún; también la zona destinada a los medios de comunicación e incluso a las televisiones. Los manresanos perdieron por 79-92 pero Gervin anotó 31 puntos y era, cómo no, el nuevo ídolo del equipo y de toda la ciudad.

Fue un sábado por la tarde, y el domingo por la mañana Gervin tuvo que regresar a Chicago para pasar un trámite policial por su seguimiento de un programa antidrogas. Pero regresó dos días después. Fue el primer ejemplo de profesionalidad de un jugador que había sido una estrella rutilante pero que sorprendió a todos, compañeros y rivales, por su humildad y servicio al equipo.

Años después, a instancias de la ACB, regresó a España y comentó que “disfruté jugando en Manresa. Me gustaban el equipo y la directiva

Hasta que acabó la temporada y llegó el playoff por la permanencia, sus actuaciones con la camiseta del TDK Manresa se contaron por exhibiciones anotadoras, aunque ninguna llegó a la que en 1978 le dio un récord histórico en la NBA: 33 puntos anotados en un único cuarto de partido.

Aquel partido en Tenerife, el que selló la permanencia del TDK Manresa en la Liga ACB, fue de hecho el que cerró el historial de la leyenda Gervin. Años después, a instancias de la ACB, regresó a España y comentó que “disfruté jugando en Manresa. Me gustaban el equipo y la directiva. Tenía buenos compañeros y entre todos conseguimos lo que se nos había encargado hacer: seguir en la primera división”. De su carrera dijo que sólo le quedó pendiente ganar un anillo NBA…

Por cierto, que su hermano Derrick también fue jugador profesional y también llegó a jugar en España. Lo hizo en las filas del Cajasur de Córdoba, en el que demostró no ser mal jugador y también gran anotador: en un partido sumó 63 puntos y en otro 64. Pero ni muchísimo menos estaba a la altura de ‘Iceman’ porque era del todo imposible.