El récord (imposible de superar) de Fede Ramiro
Si los partidos duran 40 minutos, salvo los que excepcionalmente se resuelven en una o más prórrogas, ¿es posible que un jugador acabe la temporada con más de esos 40 minutos de media por partido? Pues sí, al menos lo fue hace ya más de tres décadas. El registro de Fede Ramiro en la Liga ACB de la temporada 1989-90 es, en cualquier caso, el único ejemplo.
Era la época del que se denominó ‘basket control’, que popularizaron los mejores entrenadores yugoslavos de la época y que se puede resumir de manera simple como el estilo de juego basado en agotar el tiempo de las posesiones de cada ataque para limitar así el número de posesiones del equipo rival. Nada, por supuesto, que impidiera el Reglamento. Lo explotaron sobre todo los equipos con menos jugadores de calidad y talento, para los que, también simplificando, salía más a cuenta impedir que los rivales sumasen puntos que apostar por sumar ellos. Se suponía que de este modo tendrían más opciones de ganar a los rivales más potentes.
Y como en general daba resultado, pues se acabó implantando. Con la consecuencia lógica de que los marcadores se recortaron drásticamente y los partidos se hicieron más aburridos. Se pueden desempolvar muchos ejemplos, pero uno de ellos fue el de la ‘final four’ de la Liga Europa de 1993, en la que participaron la Jugoplastika de Split, el CSP Limoges, el Real Madrid y el Benetton de Treviso. El título lo ganaron los franceses, que eran el equipo más flojo, con menos jugadores de calidad y menos fondo de plantilla. Dirigido por Bozidar Maljkovic, el CSP Limoges derrotó en la semifinal al Real Madrid por 62-52 y en la final al Benetton —con Toni Kukoc como gran estrellas— por 59-55.
Es cierto que los técnicos yugoslavos fueron los principales impulsores de aquel ‘basket control’, pero nuestra Liga también contó con un pionero: Mario Pesquera.
Con aquel excepcional estilo de baloncesto controlado, por cierto, el Caja de Ronda finalizó la Liga en quinta posición dos años consecutivos, solo superado por los grandes del momento
En la temporada 1989, Pesquera dirigía al Caja de Ronda de Málaga, en el que formó un cinco inicial de muy alto nivel: el base Fede Ramiro, el alero Luis Blanco y los interiores Rafa Vecina, Joe Arlauckas y Ricky Brown. Con ellos, Pesquera —quien bastantes años después fue nombrado seleccionador— apenas realizaba cambios. El resultado fue que aquella Liga, según se puede consultar aún en las estadísticas oficiales de la ACB, Fede Ramiro jugó 40:33 minutos de media por partido, Arlauckas 38:57, Vecina 37:00 y Brown 36:43. Imposible del todo nada mínimamente parecido en el baloncesto de hoy. Ramiro superó los 40 minutos lógicamente porque el Caja de Ronda jugó varias prórrogas y para Pesquera no solo era el base titular sino prácticamente el único base. Pero como algún cambio sí había que hacer aunque fuera en contra del plan, también jugaron algo otros como Jordi Grau y Pep Palacios; el resto de jugadores que componían la plantilla solo sudaban en los entrenamientos.
Con aquel excepcional estilo de baloncesto controlado, por cierto, el Caja de Ronda finalizó la Liga en quinta posición dos años consecutivos, solo superado por los grandes del momento, y se clasificó por primera vez en su historia para una competición europea, la excelente Copa Korac de entonces.
“Lo que perseguíamos con aquel estilo —explicó muchos años después Pesquera— era minimizar los errores y también controlar el ritmo físico del partido, porque teníamos una plantilla corta, con poquísimas posibilidades de rotación. Por eso no podíamos tirar a la primera, aunque hubo ocasiones puntuales en que también jugamos con velocidad”. Uno de los partidos de aquella Liga lo ganó el equipo malagueño al Barça en el Palau Blaugrana sin hacer un solo cambio en los 40 minutos.
Y así Fede Ramiro acabó siendo protagonista de un récord para la historia. Tenía en aquel momento 27 años de edad. Se había formado en la cantera del Real Madrid pero la presencia de los legendarios Corbalán y Llorente le cerró las puertas del primer equipo y su carrera profesional derivó al Cajamadrid y el OAR de Ferrol antes de aterrizar en Málaga. Entre sus cualidades destacaba la de ser un base no sólo director sino también repartidor de asistencias. Así jugó 17 temporadas como profesional, antes de colgar las botas y dedicarse a su profesión de abogado.
“Aquella temporada jugamos varios partidos con prórroga —recordó años más tarde— y yo jugaba casi siempre. Hoy en día, por la forma en que se juega esto es del todo imposible”. Así que su récord pervivirá para siempre… si la historia del ‘basket control’ no se vuelve a repetir, claro.