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Casos de corrupción y de presunto acoso sexual

Como en vivienda, como en el apoyo a Palestina, como en su defensa verbal de la sanidad pública, el feminismo de la cúpula masculina del PSOE es solamente una estrategia de marketing
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una rueda de prensa, en el Palacio de la Moncloa - Eduardo Parra / Europa Press
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una rueda de prensa, en el Palacio de la Moncloa - Eduardo Parra / Europa Press

Antes de que hubiese pasado un minuto del inicio de la comparecencia de Pedro Sánchez este lunes en el Palacio de la Moncloa para hacer balance del año, el presidente mencionó aquello que, de no hacerlo, se habría convertido en un elefante en la habitación. "Los casos de corrupción y de presunto acoso sexual", según sus propias palabras.

De primeras, sorprende que Sánchez considere que lo segundo es "presunto" pero lo primero no, toda vez que en ninguno de los dos casos se ha dictado todavía sentencia condenatoria. Es cierto que el conjunto de audios que hemos podido escuchar y de mensajes que hemos podido leer en los diferentes informes de la UCO no dejan lugar a dudas respecto de lo que estuvo haciendo durante años un grupo cada vez más grande de personas, incluyendo a José Luis Ábalos, Koldo García, Santos Cerdán, Leire Díez o el expresidente de la SEPI. El abrumador conjunto de evidencias que la ciudadanía ha podido observar respecto de la operativa que desarrollaron las distintas tramas corruptas interconectadas alrededor del PSOE no permite albergar una hipótesis diferente a la del comportamiento criminal. En este sentido, pedir a un periodista, a un opinador o a cualquier ciudadano de a pie que utilice la palabra "presunto" para referirse a estos hechos no deja de ser un rigorismo judicial injustificado y, por ello, está bien que Sánchez no lo haga. Sería como decir que Mariano Rajoy no es un corrupto porque no existe una sentencia judicial que diga que el M. Rajoy de los papeles de Bárcenas era él. Sin embargo, esta prevención que el presidente no tiene cuando hablamos de los casos de corrupción sí aparece cuando menciona los casos de acoso sexual. Estos últimos sí son "presuntos" para Sánchez.

En la misma comparecencia, el presidente llamó "Torquemadas" a los que, desde otros partidos, señalan los casos de acoso en el seno del PSOE y la inacción de los socialistas

El lector o lectora puede pensar que estamos hilando fino, pero nos tememos que no es así. Por un lado, no podemos olvidar que hay todo un discurso patriarcal que afirma que el feminismo está despojando a los hombres de su "presunción de inocencia" y que no se debe confiar por criterio general en la palabra de las víctimas toda vez que podemos estar ante "denuncias falsas". Una queja que no aparece en ningún otro tipo de delito: nadie dice que se despoja a los ladrones de gallinas o a los defraudadores fiscales cuando se confía en la palabra de la víctima del hurto o de los inspectores de Hacienda. Esto solo ocurre con las denuncias de violencia sexual o machista y esta es precisamente la distinción que hace Sánchez en su breve frase: la corrupción no es "presunta", pero el acoso sexual sí lo es.

En la misma comparecencia, el presidente llamó "Torquemadas" a los que, desde otros partidos, señalan los casos de acoso en el seno del PSOE y la inacción de los socialistas cuando —según Sánchez— el PSOE sería el único partido de España que ha implementado protocolos anti acoso. Si olvidamos por un momento que esto es mentira, ya que partidos como Podemos han puesto en pie protocolos de este tipo desde hace mucho tiempo, lo que resulta disonante es que —de nuevo— el léxico del presidente armonice tan bien con los argumentos de los portavoces del patriarcado. Si los que señalan los casos de acoso son "Torquemadas", si son la Santa Inquisición, entonces los acosadores son víctimas de una persecución religiosa por haberse atrevido a ejercer su libertad. Si poniendo el "presunto" por delante el presidente "olvidó" que es enormemente difícil para una mujer denunciar un caso de acoso sexual y no digamos ya si el acusador es un hombre con poder, al dibujar metafóricamente a los acosadores como víctimas de "Torquemadas", "olvida" que aquí las únicas víctimas son las mujeres que fueron acosadas.

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Los acusadores son "presuntos", los que los señalan son "Torquemadas" y la principal preocupación que tiene el PSOE es que nadie "destroce la vida a un compañero"

Una vez más, uno puede elegir pensar que estamos solo ante deslices semánticos. Pero entonces nos viene de repente a la cabeza que un periódico nada sospechoso de ir contra el PSOE o contra el gobierno, como es eldiario.es, ha publicado que María Jesús Montero recriminó a las mujeres que pedían explicaciones a la interna del partido que iban a "destrozarle la vida a un compañero" y que, ella misma, junto a Pilar Alegría —que fue vista comiendo con Francisco Salazar cuando ya habían salido a la luz las denuncias— organizaron una "caza de brujas" para averiguar quiénes eran las denunciantes.

Los acusadores son "presuntos", los que los señalan son "Torquemadas" y la principal preocupación que tiene el PSOE es que nadie "destroce la vida a un compañero". El lenguaje revela el esquema de pensamiento, el esquema de pensamiento es coherente con la operativa y todo en caja. También encaja que los principales asesores de Sánchez en la Moncloa —también los de discurso— son hombres: quizás los mismos que le escribieron aquello que le dijo a Alsina sobre los hombres de 40 y 50 años que estaban "incómodos" con el ministerio de Igualdad de Irene Montero.

No podemos olvidar tampoco que, en plena batalla contra la Ley Sólo Sí es Sí, la ministra de justicia del PSOE, Pilar Llop, dijo en la Cadena SER que no hacía falta centrar el Código Penal en el consentimiento porque la violencia o intimidación que separaba el antiguo abuso de la agresión era fácil de demostrar sin más que enseñar las heridas. O que uno de los asesores de la ministra dijo en televisión que a ver si ahora iba a tener que despertar a su mujer para tener sexo. O que el propio Sánchez dió luz verde a su partido para pactar con el PP una contrarreforma reaccionaria de la Ley Sólo Sí es Sí, dando la razón a la derecha judicial que se había lanzado a rebajar penas a violadores en contra de la jurisprudencia y de la práctica consuetudinaria mientras Ferreras bombardeaba con un contador de penas rebajadas desde Al Rojo Vivo.

La operativa del PSOE en el caso Salazar, en el caso Tomé y en tantos otros, no es un fallo del sistema, no es un error

El feminismo nos ha enseñado que los agresores sexuales no son "enfermos" sino los hijos sanos del patriarcado. Del mismo modo, la operativa del PSOE en el caso Salazar, en el caso Tomé y en tantos otros, no es un fallo del sistema, no es un error. El intentar borrar los expedientes, el amenazar internamente a las que piden explicaciones, el dilatar la causa a ver si el paso del tiempo hace que todo se olvide, el buscar empleo al acosador, el reunirse con él —pero no con ellas— para intentar buscar cómo "arreglar la cosa", todo ello, no es otra cosa que el funcionamiento habitual del antiquísimo "pacto entre caballeros" que protege estas prácticas con un manto de silencio, de miedo y de impunidad.

Eso es lo que ha ocurrido en el PSOE y, aunque su cúpula masculina ha entendido que tenía que decir ciertas frases y cumplir ciertos rituales si no querían ser pasados por encima por la última ola feminista, se les nota demasiado que no se lo creen de verdad y se les ven todas las costuras cuando hay una crisis. Como en materia de vivienda, como en el apoyo a Palestina, como en su defensa verbal de la sanidad pública mientras no derogan la ley 15/1997, el feminismo de la cúpula masculina del PSOE es solamente una estrategia de marketing. ¿Hay feministas en el PSOE? Las hay. Pero, si algo ha quedado claro en estos años es que sus compañeros hombres ni las escuchan, ni las respetan, ni las dejan acceder al puente de mando. Y eso no solamente es un grave problema para el PSOE. Es un grave problema para el país.