Se desborda la alcantarilla del bipartidismo

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska - Juanma Serrano / Europa Press

Es muy probable que las actividades de Leire Díez sean una patética forma de hacer en las alcantarillas lo que Marlaska no se atreve a hacer en el BOE

En España, el dictador murió en la cama y los operadores de la dictadura en las grandes empresas, en el ejército, en las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, en la judicatura y en los pocos medios de comunicación que existían entonces se acostaron franquistas y se despertaron demócratas, pero todos sentados en la misma silla que el día anterior, aunque la silla hubiese cambiado de nombre. Los personajes más oscuros de las cloacas que hemos ido conociendo a lo largo de la última década, con el comisario Villarejo como ejemplo paradigmático, provienen todos de la turbia cultura de la impunidad que se ocupó de capturar, torturar e incluso asesinar en la penumbra a los enemigos del franquismo durante cuatro décadas. La lucha contra ETA sirvió para extender muchos años en la nueva democracia formal estrenada por nuestro país la operativa parapolicial y extrajudicial de las cloacas hasta tiempos muy recientes. El episodio más visible de dicha lucha ilegal contra los 'enemigos de España' se llamó GAL y permitió a los periodistas fotografiar a Felipe González abrazando a los condenados por terrorismo, Vera y Barrionuevo, en la puerta de la cárcel. La línea que conecta al GAL con los Eugenio Pino, Francisco Martínez, Jorge Fernández Díaz o Mariano Rajoy es una línea continua y bien definida. Siguen operando al margen de la ley, siguen funcionando como una organización criminal, siguen utilizando los aparatos del Estado para perseguir a sus adversarios políticos y siguen teniendo muchísima protección. La única diferencia, de momento, es que antes te torturaban o te mataban y ahora te difaman, te destruyen la reputación pública y te intentan meter en la cárcel con pruebas falsas.

La operativa de la mal llamada 'policía patriótica' que montó el PP en el seno de ministerio del Interior es bien conocida. Dirigidos por Jorge Fernández Díaz, mano derecha de Mariano Rajoy, todavía imputado y columnista habitual del periódico de Atresmedia, La Razón, los agentes corruptos de las cloacas utilizaron el poder y los recursos del Estado para investigar ilegalmente a los líderes de Podemos y del independentismo catalán y para fabricar pruebas falsas que luego difundían sus periodistas corruptos asociados en los principales medios de comunicación del país. El objetivo siempre fue evidente: intoxicar a la opinión pública para amañar el proceso democrático. Un golpe de estado blando en toda regla. En estos momentos, no se conoce que el PSOE —el PSOE reciente, queremos decir— haya hecho algo ni remotamente parecido a lo que hizo el PP, pero tampoco parece que haya hecho mucho para limpiar las cloacas. Para defenderse de determinadas filtraciones que parecen provenir de la UCO, como el rumor que llevan semanas difundiendo los medios de la derecha sobre un posible informe 'demoledor' para Santos Cerdán, y aprovechando la publicación de unos mensajes en los que un ex agente de la UCO que ha sido fichado por el gobierno de Ayuso habla de matar (políticamente) a los 'rojomorados', fuentes del PSOE desde el gobierno hablan de la existencia de una 'UCO patriótica' que estaría detrás de la ofensiva policial y judicial contra el entorno de Sánchez del mismo modo que la 'policía patriótica' del PP operó ilegalmente contra Podemos. Aunque no es todavía posible saber si estamos ante una infección sistémica de la UCO o tan solo ante un pequeño grupo de agentes corruptos, el PSOE se ha lanzado por este carril argumental con verdaderas trazas de desesperación, hasta el punto de que varios ministros han llegado a difundir un bulo publicado por El Plural. Aunque es cierto que los mensajes de Juan Vicente Bonilla contienen afirmaciones ultraderechistas y violentas contra el gobierno, no es verdad que hablase de poner una bomba lapa a Sánchez. Ver como La Sexta, la cadena cuyos directivos aparecen en los audios de Villarejo conspirando con la cloaca, ha tenido que rectificar el bulo en sus informativos da una idea del nivel de podredumbre que está alcanzando todo.

La táctica elegida por el PSOE tiene como efecto secundario el reconocimiento de una realidad que el propio Sánchez negó en 2019 en la campaña electoral

El fervor con el que el PSOE y sus medios afines están impulsando la hipótesis de la existencia de una 'UCO patriótica' proviene, por supuesto, de la voluntad de contrarrestar las noticias negativas para los de Sánchez que arroja no solamente el caso Koldo sino también, durante la última semana, la publicación de unos audios en los que una militante del PSOE que ha tenido importante cargos directivos en empresas públicas hasta el año pasado busca información contra el teniente coronel Antonio Balas de la UCO, que precisamente investiga los casos que afectan al PSOE. La tibia respuesta del PSOE contra Leire Díez sumada al hecho de que varios dirigentes de primer nivel del partido han reconocido conocerla y que accedió a puestos que no están disponibles para militantes de base han convertido el asunto en una crisis comunicativa grave y Ferraz ha elegido el contrataque como herramienta de defensa. El problema es que, como casi todas las tácticas nacidas en momentos de desesperación, el señalar la existencia de una 'UCO patriótica' tiene peligrosas contraindicaciones para el PSOE. Aunque se entiende la técnica comunicativa que pretende asociar el significante 'patriótica' con las cloacas del PP, produce una fuerte disonancia cognitiva el hecho de que, entonces, el ministro del interior era Fernández Díaz, pero, ahora, es Marlaska. Es verdad que la mera hipótesis de que Marlaska pudiese estar dirigiendo una parapolicía contra el PSOE es absurda en sí misma, pero da una primera idea de lo endeble de la táctica elegida por el gobierno. En todo caso, lo que de verdad es una carga de profundidad es que el frenético señalamiento conduce de una forma inmediata a una conclusión obvia: si todavía existen importantes elementos corruptos y golpistas en el seno de la Policía o la Guardia Civil, entonces, ¿qué ha estado haciendo el PSOE desde 2018 cuando obtuvo el control de ministerio del Interior y ministerio de Defensa? Si existe una 'UCO patriótica' como argumentan espasmódicamente los portavoces parlamentarios y mediáticos del PSOE, entonces, cabe concluir que el PSOE no ha querido limpiar las cloacas durante ocho años de gobierno.

La táctica elegida por el PSOE tiene como efecto secundario el reconocimiento de una realidad que el propio Sánchez negó en 2019 en la campaña electoral en varias entrevistas y en un debate ante Pablo Iglesias. Para cualquier analista político mínimamente avezado, es un hecho conocido que el PSOE no quiere enfrentarse al Estado profundo; quiere negociar con él, quiere contemporizar con él y quiere, en última instancia, ser aceptado por él. Por eso pactó con el PP entregar el CGPJ a la derecha judicial y por eso no ha querido nunca limpiar las cloacas. De hecho, es muy probable que las actividades de Leire Díez sean una patética forma de hacer en las alcantarillas lo que Marlaska no se atreve a hacer en el BOE. En vez de poner en pie mecanismos internos ajustados a derecho o hacer reformas legislativas para aumentar la transparencia, mejorar los procedimientos disciplinarios en las fuerzas de seguridad y purgar a los elementos corruptos que persisten en su seno, en vez de confrontar con los elementos golpistas usando toda la fuerza del Estado democrático y con la mayor transparencia, todo apunta a que alguien ha tenido la genial idea de pedirle a Leire que lo haga de otra forma. Es cierto que el PSOE no ha montado todavía —que se sepa— una 'policía patriótica' golpista como hizo el PP, pero también es cierto que no ha hecho nada para que ese tipo de prácticas dejen de existir. Todas las aguas fecales que estamos viendo rebosar por las portadas de periódico y por las pantallas de televisión no son otra cosa que el desborde de las alcantarillas del bipartidismo; unos las construyeron y otros las dejaron estar.