Emergencia nacional
La respuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum sigue la lógica del expresidente López Obrador, con una presencia en el territorio intensiva, coordinando y corrigiendo las operaciones
Las lluvias atípicas que cayeron el fin de semana en México y que han causado hasta el momento más de 60 personas fallecidas en los estados de Veracruz, Hidalgo, Puebla, Querétaro y San Luis Potosí son la postal de nuestros tiempos: las consecuencias del cambio climático, la falta de prevención, el rezago en infraestructura de más de 40 años en muchas comunidades y, en muchos casos, la corrupción y el desvío de recursos que debieron ser utilizados para esa infraestructura.
En los últimos días la emergencia se ha intensificado y el caos ha reinado en las zonas afectadas con el corte de rutas, pérdida de conexión a la electricidad, daños materiales hasta el momento no cuantificados y pérdidas humanas irreparables. El reto para el Gobierno de México ha sido enorme para coordinar la ayuda en los lugares afectados, localizar a las personas desaparecidas y restablecer la normalidad. Las autoridades han articulado un operativo con todos los niveles y órdenes de gobierno para brindar apoyo a las y los damnificados que contrasta con el accionar de los gobiernos neoliberales y la indolencia de personajes como el magnate Ricardo Salinas Pliego quien se burló de la tragedia y victimizó a la gente por negarse a votar a la derecha. O el alcalde saliente, Fernando Luis Reimes, quien llegó al lugar en una camioneta de lujo y no quiso bajarse del vehículo, o la alcaldesa electa, Adanely Rodríguez, quien fue captada en medio de la tragedia tomándose selfies.
Durante la tragedia del huracán Otis, en Guerrero, muchos medios cargaron contra los gobiernos de federal y estatal cuando faltaba menos de un año para las elecciones presidenciales de 2024, en muchos casos utilizando los reclamos legítimos por la tragedia para incubar un sentimiento de odio y una idea de ineficacia de las autoridades para atender el tema. Pero el despliegue de ayuda sin precedentes marcó una diferencia con los gobiernos anteriores. La pregunta en estos casos es obligada: ¿Hasta dónde estas tragedias obedecen a una crisis climática e dimensiones globales y hasta dónde las fallas en las políticas públicas y las condiciones sociales? Esto no puede entenderse tampoco sin la enorme desigualdad social del planeta.
Imposible hacer un análisis sin considerar que la mquinaria de guerra del imperio de Estados Unidos genera más gases que las emisiones de 160 países. Que la industria militar y los ejércitos son responsables de aproximadamente el 5% al 6% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Y las bombas de Gaza equivalen a la emisión de 100 países en un año. O que el 1% de la población del mundo emite el 16% de las emisiones de CO2. Es ese capitalismo de la barbarie y de la brutalidad que impera hoy en el mundo y que nos ofrece soluciones falsas a los problemas que ha provocado.
Frente a eso, las respuesta de los gobiernos, en términos presupuestales, de adaptación y atención son fundamentales. La respuesta del gobierno de Claudia Sheinbaum sigue la lógica del expresidente López Obrador, con una presencia en el territorio intensiva, coordinando y corrigiendo las operaciones. Una estrategia que contrasta fuertemente con las omisiones e indolencia de Enrique Peña Nieto, Felipe Calderón y Vicente Fox que vieron en cada catástrofe natural de su sexenio una oportunidad para lucrar.
Pero que aún no es suficiente. Requiere que los distintos niveles de gobierno, el sector empresarial e incluso los partidos de oposición concurran en acciones que beneficien a la mayoría de la población. ¿Estarán a la altura?