Los criptobros y la política
No son políticos, sino influencers, que apelan a emociones humanas como el miedo y el odio expandido en las plataformas de comunicación que controlan
Están cortados con la misma tijera. Se venden como outsiders de la política pero en realidad son parte de un proyecto político de las oligarquías para tomar por asalto los Estados.
No solo promueven el desmantelamiento estatal, con el argumento de la libertad total del capital, sino que lo hacen para tener ganancias privadas y aumentar sus fortunas. Usan las armas, la fuerza militar. No son políticos, sino influencers, que apelan a emociones humanas como el miedo y el odio expandido en las plataformas de comunicación que controlan.
El caso más emblemático es Donald Trump, el presidente del país que tiene el poder militar más grande del planeta. En apenas un año de su segundo mandato, su fortuna personal se disparó. Según estimaciones de Bloomberg y Forbes, el patrimonio del actual presidente de Estados Unidos asciende hoy a más de 7.700 millones de dólares, frente a los 4.400 millones registrados en octubre de 2024. Un aumento vertiginoso que devuelve a la familia presidencial al selecto grupo de las 500 mayores fortunas del planeta, nos ha dicho Crismar Lujano en Ahorra Dimelo en Español.
Ese aumento de su fortuna ha sido impulsado por tres pilares de acumulación: los bienes raíces con propiedades de lujo, su plataforma mediática Truth Social y un entramado de nuevas empresas vinculadas al mundo de las criptomonedas creadas en los últimos 12 meses. Trump ha convertido la presidencia en una plataforma de enriquecimiento personal sin precedentes en la historia moderna de Estados Unidos con una audacia que ha borrado la frontera entre el interés público y el beneficio personal en tiempo récord.
La fórmula es simple: usa la información privilegiada que tiene para hacer anuncios que mueven los mercados financieros en su favor.
El Bitcoin funciona como un proyecto neoliberal disfrazado de innovación, que privatiza la política monetaria, beneficia a especuladores globales y desvía la atención de los verdaderos desafíos sociales.
Es un esquema que también intentó, con poco éxito, el presidente argentino Javier Milei, pero lo hizo tan mal que terminó estafando a sus propios seguidores con Libra.
El otro que ha estado intentando hacer del ecosistema critpo una política de estado, desde 2021, es el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, quien por estos días organiza una conferencia/festival para posicionarse como un hub global del Bitcoin y de la “soberanía financiera”.
La conferencia que reunirá a expertos, inversores y desarrolladores, usa inglés como idioma principal, con traducción al español en algunas sesiones. El pago puede hacerse, por supuesto, con Bitcoin.
Pero lejos de empoderar al pueblo salvadoreño, el Bitcoin funciona como un proyecto neoliberal disfrazado de innovación, que privatiza la política monetaria, beneficia a especuladores globales y desvía la atención de los verdaderos desafíos sociales: salarios dignos, servicios públicos y justicia económica.
Ese es el camino al que nos llaman estos personajes: a entregarles el poder político para seguir aumentando sus arcas personales. Para eso utilizan todo tipo de trampas y engaños. El gran problema, como hemos visto con el caso de Trump, es que una vez que lo consiguen ya no quieren dejarlo y no tienen empacho en dirigir sus guerras hacia su propia población.