Trump: la popularidad y el show de los papeles

Donald Trump (Robin Rayne / Zuma Press / Europa Press), Jeffrey Epstein (YouTube) y Bill Clinton (Nancy Kaszerman / Zuma Press / ContactoPhoto)
En medio del escándalo que han provocado las revelaciones del caso de Jeffrey, las encuestas revelan que la popularidad del n está en el peor momento de su segundo mandato, Las encuestas publicadas esta semana ubican su aprobación entre 38 y 41 por ciento.

La Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó de manera aplastante, por una votación casi unánime (427-1) votos, una medida que ordena al Departamento de Justicia que haga públicas todas las carpetas no clasificadas relacionadas con la investigación y el enjuiciamiento de Jeffrey Epstein —incluyendo comunicaciones, registros de vuelo y materiales de investigación que no estén protegidos por seguridad nacional o por la protección de víctimas—.  Epstein, hay que recordarlo, se suicidó en su celda en agosto de 2019, mientras esperaba el juicio por una red de trata de personas con fines de explotación sexual que involucraba a poderosos personajes políticos y económicos.

La medida aprobada exige la publicación de documentos no clasificados en poder del DOJ relacionados con Epstein y su red, pero no obliga a hacer públicos materiales que estén clasificados por motivos de seguridad nacional, que afecten investigaciones en curso o que pongan en riesgo la privacidad o la seguridad de las víctimas. El DOJ mantiene argumentos legales para retener o redactar ciertos pasajes. 

La iniciativa pasó de forma express por el Senado y Donald Trum la afirmó sin trámites ni testigos. Todo en un día. Trump, de hecho, dio un giro público sobre la cuestión: tras periodos de resistencia y ambivalencia, el domingo pasó a respaldar la publicación

Pero la publicación masiva de documentos puede convertirse en un show mediático: filtraciones selectivas, titulares sensacionalistas y uso para ataques políticos inmediatos (ya se vio tensión sobre cómo diferentes facciones han querido usar estos documentos). 

La Casa Blanca, el DOJ y los comités del Congreso se disputan ahora no sólo los documentos sino la narrativa: quién explica el contexto, qué se filtra y qué queda fuera. Esta pugna tendrá efectos sobre la confianza pública en las instituciones. 

En julio pasado, una investigación de Bloomberg reveló que el FBI eliminó sistemáticamente el nombre del presidente Trump de estos archivos antes de su desclasificación parcial, invocando leyes de protección de privacidad.

La publicación puede ser utilizada por fuerzas reaccionarias como arma para destruir adversarios políticos o para una narrativa de “corrupción generalizada” que termine reforzando agendas derechistas. El viraje de Trump (de indiferencia/oposición a “apoyo” a la publicación) debe leerse con escepticismo y como un intento de lavado de su imagen.

En julio pasado, una investigación de Bloomberg reveló que el FBI eliminó sistemáticamente el nombre del presidente Trump de estos archivos antes de su desclasificación parcial, invocando leyes de protección de privacidad. Así que hay una duda legítima de lo que realmente se va a encontrar ahí. Mientras tanto, el hombre naranja pasó a la ofensiva contra los demócratas y ordenó investigar al expresidente Bill Clinton por sus vínculos con Epstein

Trump se pone muy molesto cuando le preguntan del tema. Cada vez que se habla del caso Epstein, inventa una bomba distractora: un operativo con fuerzas federales en California, una invasión en Venezuela o un problema en México…

En medio del escándalo que han provocado las revelaciones del caso de Jeffrey, las encuestas revelan que la popularidad del n está en el peor momento de su segundo mandato, Las encuestas publicadas esta semana ubican su aprobación entre 38 y 41 por ciento.

Trump, ya vemos, tiene motivos para estar molesto. La popularidad es quizá una de las cosas que más le preocupan. ¿Será ese su motivo para abrir los archivos?