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Los bulos de Susana Díaz sobre la ruptura de su gobierno con Izquierda Unida en 2015

El secretario de Organización y coportavoz de Podemos, Pablo Fernández, y La senadora del PSOE y expresidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz - María José López y Fernando Sánchez / Europa Press
La expresidenta andaluza trata de reescribir la historia en televisión atribuyendo a Podemos una crisis de gobierno que ocurrió cuando el partido ni siquiera existía en las instituciones, mientras niega los recortes sanitarios de su etapa junto a María Jesús Montero

El plató de En boca de todos se convirtió este viernes en el escenario de un ejercicio de revisionismo histórico sin precedentes. En un tenso careo, el portavoz nacional de Podemos, Pablo Fernández, confrontó la gestión de la expresidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, recordándole una realidad que el aparato del PSOE andaluz lleva años intentando sepultar bajo una montaña de retórica ante la próxima convocatoria electoral andaluza del 17 de mayo. La discusión no solo dejó al descubierto la fragilidad de los argumentos de Díaz, sino que también sacó a la luz dos de los grandes bulos que la exdirigente socialista sigue utilizando para justificar su deriva hacia la derecha durante su mandato.

Uno de los momentos más surrealistas del debate se produjo cuando Susana Díaz intentó responsabilizar a Podemos de la inestabilidad de su gobierno de coalición con Izquierda Unida (IU), una alianza que ella misma rompió de forma unilateral en enero de 2015. Ante la crítica de Pablo Fernández, quien le espetó que «cuando gobernó, pues tiró mucho de privatizaciones y no hizo políticas, a mi juicio, verdaderamente de izquierdas…; por eso perdió el gobierno», Díaz respondió con una huida hacia adelante: «El gobierno con Izquierda Unida se rompió a raíz de vuestra fusión con Izquierda Unida y porque quisisteis repartir viviendas sin papeles, la famosa Corrala Utopía en la Plaza Nueva, a la gente que estaba allí de okupa».

Este argumento es un anacronismo interesado. Como bien señaló Fernández durante el debate, Podemos no existía en el Parlamento de Andalucía cuando Díaz decidió apretar el botón del adelanto electoral. En enero de 2015, la formación morada era una fuerza emergente a nivel estatal tras las europeas, pero no tuvo representación institucional en la comunidad hasta marzo de ese mismo año. El “Pacto de los botellines” entre Alberto Garzón y Pablo Iglesias no se firmaría hasta 2016 y la primera coalición electoral andaluza entre Podemos e IU no llegaría hasta 2018 bajo el nombre de Adelante Andalucía. Díaz utilizó la «amenaza» del cambio político no porque Podemos estuviera bloqueando su gestión, sino como una excusa estratégica para intentar deshacerse de IU tras el incidente de la Corrala Utopía y la desautorización a su entonces vicepresidente, Diego Valderas, para viajar al Sáhara.

El segundo gran bloque del enfrentamiento giró en torno a la sanidad pública. Pablo Fernández fue tajante: «Con tu gobierno en Andalucía se acrecentó la privatización sanitaria. Eso es incontrovertible. Tú podrás decir lo que quieras…, pero la realidad es la que es». La reacción de Díaz fue la negación absoluta, exigiendo datos y calificando la afirmación de «mentira». Sin embargo, los datos que Susana Díaz prefiere ignorar son contundentes. Durante su mandato, y con María Jesús Montero (actual candidata del PSOE a la presidencia de la Junta para las elecciones del 17 de mayo) primero como consejera de Salud y después al frente de la Consejería de Hacienda, la sanidad andaluza sufrió un proceso de erosión constante. Bajo su dirección, se institucionalizó, según el Sindicato Médico Andaluz, la denominada «sanidad paralela», mediante el aumento sistemático de las derivaciones a clínicas privadas mientras las listas de espera en lo público se hacían interminables. «La administración de Díaz también enfrentó denuncias por la no renovación de contratos a profesionales sanitarios públicos», leyó Pablo Fernández desde el plató, tirando de hemeroteca tras una búsqueda en internet con su móvil. Los datos confirman que durante ese periodo la Junta de Andalucía ejecutó un plan de ajuste que se tradujo en la pérdida de aproximadamente 6.000 profesionales sanitarios a través de la no tasa de reposición. Pero el golpe más duro fue la imposición de contratos al 75 % de jornada y sueldo para miles de trabajadores eventuales del Servicio Andaluz de Salud (SAS), una medida que precarizó la vida de los profesionales y degradó la atención al paciente.

Para entender por qué se mantuvo aquel gobierno pese a los recortes —«y no os salisteis del gobierno», como le espetó Díaz a Fernández, pese a que el portavoz de la formación morada le recordó que se confundía de partido—, hay que mirar a figuras que hoy siguen en primera línea, como Antonio Maíllo, actual coordinador federal de IU y también candidato de la coalición Por Andalucía para las próximas elecciones autonómicas. Maíllo, que entonces formaba parte de la estructura de gobierno como director general de Administración Local de la Junta de Andalucía, junto al vicepresidente Diego Valderas, defendió la permanencia de IU en el Ejecutivo como una forma de frenar las políticas más derechistas del PSOE.

El paso de Susana Díaz por En boca de todos solo sirvió para confirmar que el «susanismo» sigue instalado en una realidad alternativa. Entre el ninguneo a los recortes que ella y Montero ejecutaron y la invención de una cronología en la que Podemos tiene la culpa de hechos previos a su entrada en las instituciones, Díaz mostró inadvertidamente la diferencia entre una izquierda que confronta el modelo del PSOE y otra que aceptó sus límites en el pasado. Hoy, fuera de San Telmo pero siendo senadora y presente en las tertulias, el intento de Díaz de legitimar su gestión choca con una realidad que los andaluces no olvidan. Tras su pacto con Ciudadanos en 2015, su derechización continuó hasta abrirle la puerta a Moreno Bonilla en 2018.