La imposible vuelta al cole siete meses después de la DANA
Niños dando clases en pasillos y hermanos separados en distintos colegios: el abandono del gobierno de Mazón a los alumnos afectados por la DANA
Han pasado siete meses de la DANA y, sin embargo, centenares de niños siguen sin poder volver a sus colegios porque, tras prácticamente un curso entero, la Generalitat no ha terminado las obras en todos los centros afectados. Dos de estos colegios que todavía no han sido reparados son el CEIP Blasco Ibáñez de Beniparrell y el CEIP Vil·la Romana de Catarroja, cuyas familias están agotadas por el abandono por parte del gobierno de Mazón. A día de hoy siguen esperando a volver a tener una escuela digna para sus hijos después de todo lo vivido desde el pasado 29 de octubre.
“Hemos tenido que hacer mucho ruido para que nos escuchen”, asegura Sara, madre del CEIP Blasco Ibáñez. Su hijo de tres años recibe clases en un pasillo de un colegio de acogida de Silla, y pese a que está agradecida por estar acogido por el centro, evidentemente no es la mejor opción tanto por las condiciones como por el trayecto que hay que hacer cada día. Y es que no está siendo fácil para muchas familias estos traslados al otro pueblo porque la Conselleria tan solo ha puesto dos autobuses, cuando por el número de alumnos se necesitaría tres. Por este motivo se tienen que hacer varios viajes para poder llevar a todos lo alumnos, con retrasos llegando a las 10 de la mañana a clase o incluso 2 horas esperando sin poder volver a casa. Sara además destaca el papel de los maestros, quienes también se han estado encargando, antes de que se empezara a encargar la policía, de acompañar a los más pequeños a cruzar desde donde paran los autobuses al colegio, cuando esto no les corresponde.
Por otro lado, asegura que la directora territorial de Educación de València les aseguró que no era viable poner barracones porque iban a tardar más en colocarlos que en arreglar el centro y que emocionalmente para los niños era mejor ir a un colegio. “A día de hoy me gustaría que viniese y me hubiese dicho si era la mejor opción. Era la vía más fácil para ellos”, lamenta. Señala que se podía a ver estudiado otras alternativas como acondicionar la Casa de la Cultura o el centro de mayores del pueblo, teniendo en cuenta que el hecho de separarles de su entorno y en algunos casos de sus hermanos por ser destinados a centros diferentes era perjudicial para el bienestar de los pequeños. “Los niños acababan de pasar un proceso muy duro, algunos perdieron sus casas”, recuerda.
Las madres y los padres del colegio han estado organizando manifestaciones en su localidad para exigir la terminación de las obras, movilizándose también en redes sociales con la cuenta de Instagram @familiasindigdanas. Lo cierto es que parece ser que estas protestas han llegado a los altos cargos de la Conselleria y por el momento les han comunicado hace poco que el 9 de junio estarán finalizadas las obras, aunque están expectantes para saber si realmente esto se cumple o no. Además, que acaben las obras no significa una vuelta inmediata a las aulas, ya que faltaría el acondicionamiento del propio centro. “El 9 de junio acaba TRAGSA (la empresa pública de infraestructuras), pero después tiene que intervenir el Ayuntamiento y el colegio para acabar, por lo que no hay fecha de entrada, es muy difícil que los niños vuelvan la última semana del curso”.
En el CEIP Vil·la Romana de Catarroja también recibieron hace escasos días la fecha de finalización de las obras del colegio. Tras casi siete meses, la escuela no ha podido abrir sus puertas al cien por cien, dando clase solo 4º, 5º y 6º de Primaria. Esta semana han terminado las obras de Primaria, pero las aulas de Infantil y las UECO (aulas diseñadas para atender a alumnos con necesidades especiales) no se espera que estén listas hasta el 18 y 22 de julio respectivamente, sin darles ninguna información más de cuándo estarán listas para volver.
En el caso de este centro, la Conselleria les había prometido que las obras acabarían después de las vacaciones de Pascua, más tarde en mayo y ahora julio. Y mientras tanto, las familias han tenido que hacer malabares para poder llevar y recoger a sus hijos e hijas de los otros colegios, también con casos de hermanos que van a centros diferentes. “Mis dos hijas están separadas cada una en un colegio, mi pequeña tiene necesidades especiales, el trayecto desde casa es lejos, tengo que salir muy pronto de casa porque durante el camino le dan crisis nerviosas”, denuncia Eva, una de las madres del centro.
Algunos de los padres y madres de los alumnos del Vil·la Romana también apuntan a que el hecho de que estos centros tengan a más alumnos en el mismo espacio y con los mismos recursos hace más difícil impartir clase con normalidad, tanto para los niños de acogida como para los que son del colegio que acoge. “Aunque estamos agradecidos por lo que están haciendo por nosotros, nuestros niños necesitan ya volver a su colegio, a sus clases, disponer de aulas como tocan ya que estamos de prestado y ni los niños de los colegios acogedores pueden disponer de ellas ni nuestros niños tener las condiciones óptimas como las tenían en su cole antes de la DANA”, explica Remedios. “Empezaron en un aula con más de 40 niños y con unos recursos y un ambiente muy por debajo de lo que ellos o cualquier niño merece”, apunta Mª Carmen.
Desde el AMPA denuncian estos retrasos y las falsas promesas de la Conselleria de Infraestructuras. “Llevamos más de medio año esperando a unas obras que no avanzan. La reconstrucción prometida va muy despacio. Nuestros hijos continúan dispersos en tres centros diferentes, con graves consecuencias en su bienestar y educación, especialmente para el alumnado más vulnerable. ¿Dónde está la responsabilidad institucional?” reclamaban en el manifiesto de una de las protestas organizadas por las familias y los docentes a las puertas del centro. “Estamos hartos y hartas. Queremos soluciones, no más excusas. Nuestros niños y niñas necesitan volver a su colegio, a su rutina, a su vida normal. Y lo necesitan ya”.
Las familias aseguran que toda esta situación está afectando tanto emocional como en el ámbito académico en todos los niños, pero aquellos que necesitan un aula UECO son quienes más están sufriendo las consecuencias de estas interminables obras. “Si para cualquier niño es difícil un cambio de colegio, para estos niños que necesitan una rutina, un simple cambio de espacio les desestabiliza completamente”, explica Lucía, la madre con una hija con Necesidades Educativas Especiales. “Aunque tienen un aula UECO en el Jaume I, no es su espacio, ni disponen del aula sensorial y de todo aquello que con tanto cariño han construido desde el primer día para nuestros peques”, agrega. Del mismo modo, Yolanda, con un hijo con Trastorno del espectro Autista, denuncia que ha llegado a pedir ayuda a Inclusión Educativa de la Generalitat Valenciana y que ésta le prometió que su hijo volvería a su aula UECO después de Pascua, sin éxito.