Genocidio en Gaza

El negacionismo en Gaza

Paracaídas lanzan ayuda humanitaria sobre Ciudad de Gaza - Omar Ashtawy / Zuma Press / ContactoPhoto

En la Franja de Gaza, Israel está cometiendo un genocidio. Ya no hay discusión posible

El genocidio de Israel contra los palestinos de la Franja de Gaza es uno de los mayores crímenes del siglo XXI. Para llegar a esta conclusión no es necesario proceder con análisis particularmente sesudos, si bien es cierto que la dinámica general desde octubre de 2023 amerita estudios específicos. Tampoco hay mucha vuelta al concepto de “genocidio” en Gaza, a pesar de la tendencia negacionista en la que están instalados algunos líderes políticos y medios de comunicación.

Ciertamente, ya es viable la caracterización de “negacionista” contra las personas que, desde posiciones de poder político, mediático o económico, sostienen que no se está perpetrando un genocidio en Gaza. No son pocos los procesos históricos de violencia que son negados por algunos sectores de la historietografía. El holocausto nazi contra el pueblo judío o el genocidio ideológico perpetrado por los gobiernos militares en Argentina entre 1976 y 1983 son ejemplos de este fenómeno.

Por qué puede hablarse de “negacionismo” en Gaza

Hablar de “negacionismo” no es lo mismo que confrontar análisis. Sin duda, hay definiciones históricas o políticas que revisten discusiones legítimas, en particular porque así funciona el proceso científico, también en el ámbito de las ciencias sociales. Pero hay otras que, por su aplastante evidencia o por el amplio consenso que generan entre sus académicos, no son ya discutibles. Los estudiosos del holocausto nazi, por ejemplo, han reunido ya las suficientes evidencias históricas para que no pueda negarse de ninguna forma ni las cifras ni los impulsos políticos tras él.

El negacionismo, tanto en las ciencias naturales como en las sociales, no es discusión, sino ocultismo. Es negacionista aquel que para defender su perspectiva debe recurrir a la negación de la evidencia empírica. Por eso no es lo mismo discrepar sobre relaciones filogenéticas profundas entre filos animales que sobre la esfericidad de la tierra. Una reviste discusiones legítimas; la otra no. De la misma forma que puede discutirse sobre la utilidad del método D’Hondt para la representación electoral, pero no sobre la existencia del genocidio nazi contra el pueblo judío. Algunas discusiones ya fueron cerradas por el peso mismo de su evidencia.

En ocasiones, aunque pueda estarse de acuerdo en la condena de un proceso histórico, no necesariamente se ha de tener un consenso sobre la caracterización específica del mismo. No son pocos los fenómenos en el siglo XX que, si bien han sido clarificados como matanzas, masacres o violencia política, generan sendos debates sobre su lógica de genocidio o limpieza étnica. Pero este no es el caso de Gaza. No hay duda ninguna —a la luz de la evidencia empírica— de que Israel está llevando a cabo un genocidio contra los palestinos en la Franja de Gaza.

En 1948, al calor del holocausto nazi contra el pueblo judío, se estableció la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, un instrumento de derecho internacional que por primera vez codificó específicamente el delito de genocidio. Por el contexto histórico en el que fue redactado, no es difícil advertir que el objetivo de la convención era impedir que atrocidades similares a las de la Segunda Guerra Mundial se volviesen a cometer.

Aunque es nítido que la comunidad internacional ha fallado —en parte por la inoperatividad intrínseca a organismos como la ONU— a la hora de impedir numerosos episodios de masacres, limpiezas étnicas o genocidios tras la Segunda Guerra Mundial, lo cierto es que la convención brinda un marco de análisis muy valioso. Ruanda, la antigua Yugoslavia o Camboya son algunos de los contextos en los que los tribunales han utilizado este marco.

Es un genocidio

En su artículo II, la Convención establece cinco actos entendidos como genocidio: a) matanza de miembros del grupo; b) lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo; c) sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial; d) medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo; e) traslado por fuerza de niños del grupo a otro grupo.

Véase cómo alguno de los elementos son particularmente reconocibles en ciertos procesos históricos. El traslado por fuerza de niños del grupo (víctima) a otro grupo (en este caso, victimario) fue evidente en el caso de los gobiernos militares en Argentina, y es un sustento pleno de la categorización de “genocidio” en este caso específico.

En el caso de Gaza, al menos tres de los cinco puntos definidos se cumplen sin ningún tipo de duda. La matanza de miembros del grupo es sistemática, diaria y multinivel desde octubre del 2023. No se matan individuos ni miembros de las organizaciones armadas palestinas: se matan familias, núcleos de civiles, niños y bebés. La lesión grave a la integridad física o mental es una extensión de las masacres diarias y ha sido reflejada por numerosos organismos que exponen el trauma que atraviesa a la sociedad gazatí que observa de primera mano las brutalidades que el resto del mundo ve a través de sus smartphones.

El sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial es absolutamente innegable, especialmente desde el establecimiento en mayo del 2025 de la Fundación Humanitaria para Gaza. A través de este organismo, Israel cumple tres objetivos clave para la perpetración del genocidio. En primer lugar, reduce al mínimo absoluto el reparto de la ayuda alimentaria y sanitaria, creando efectivamente las condiciones mencionadas por la convención; en segundo lugar, al dotar a la fundación del control total de la ayuda que ingresa a la Franja de Gaza, consigue que otros organismos no alineados con el Estado genocida de Israel puedan paliar la hambruna de los palestinos; en tercer lugar, decide dónde concentrar el reparto de alimento, forzando a los gazatíes a desplazarse a zonas específicas donde crea campos de concentración —sí, campos de concentración—.

Pero, además, Israel cumple de manera flagrante el elemento que cierra el círculo del genocidio. El punto decisivo es el siguiente: Si bien los actos violentos expuestos anteriormente son execrables y odiosos en cualquier contexto, tal como lo determina la propia Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, hay una cuestión política que normalmente se cruza para determinar irremediablemente la existencia de un genocidio: el dolus specialis.

Este criterio, expuesto de manera clara en el Estatuto de Roma de 1998, clarifica que “genocidio” es la combinación de alguna —o varias— de las cinco acciones recogidas en la convención junto a la intención de destruir al grupo en cuestión. Si bien habitualmente esta intencionalidad es más difícil de probar que las acciones concretas —pues ningún Estado genocida reconoce abiertamente estar perpetrando un genocidio—, en el caso de Israel las evidencias también desbordan. Y es aquí donde los negacionistas de Gaza suelen encontrar su válvula de escape.

Como ya no pueden negar —salvo que desciendan a un delirio digital completo— las imágenes de la infraestructura destruida o las decenas de miles de civiles palestinos asesinados y descuartizados, niegan la intencionalidad, puesto que el partido de Netanyahu se llama Likud y no Partido del Genocidio, y él mismo nunca ha dado una rueda de prensa exclamando “¡Miradme! ¡Estoy coordinando un genocidio!”. Pero, lamentablemente para los negacionistas de Gaza, también aquí los líderes israelíes han sido claros.

El presidente Isaac Herzog, por ejemplo, estableció el marco político para el castigo colectivo contra toda la población gazatí al afirmar que “no es cierto que los civiles no estén implicados. Esa retórica es absolutamente falsa”. En enero de 2024, el ministro de Seguridad Nacional Ben-Gvir afirmó que “la única solución humana para Gaza es la deportación masiva de sus habitantes”. En noviembre de 2024, el ministro de Finanzas de Israel Bezalel Smotrich declaró: “Es posible crear una situación en la que la población de Gaza en dos años sea menos de la mitad de su tamaño actual”, en agosto había afirmado que “traemos ayuda porque no nos dejan otra opción; nadie nos dejará hacer que dos millones de civiles mueran de hambre, aunque esté justificado y sea moral” y en abril de 2024 concluyó que “hay dos millones de nazis en Gaza”. Es decir que toda la población de Gaza —incluidos los niños— son nazis y objetivos legítimos.

Y la lista sigue. El gobierno de Benjamin Netanyahu ejecuta sistemáticamente al menos tres de las cinco acciones definidas por la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio. Sus ministros, así como numerosos miembros del poder legislativo israelí y de los altos mandos del ejército, emiten declaraciones y votan leyes que confirman la voluntad del Estado de Israel de aniquilar al pueblo palestino en Gaza.

No hay discusión ni análisis ni reflexión profunda. En Gaza hay un genocidio nítido, claro y de manual. Si lo que ocurre en Gaza no es un genocidio, hay que quemar la convención de 1948 y lo decretado en el Estatuto de Roma. Si lo de Gaza no es un genocidio, entonces no existen los genocidios. Quien en agosto de 2025 sigue negando el genocidio de Gaza, no tiene una “opinión” incorrecta ni un “análisis” polémico: es un negacionista.