Bárbara Rey cuenta en sus memorias el inicio de su relación con Juan Carlos I en clave de acoso y cómo empezaron a amenazarla desde el Estado profundo
"La primera vez que llamó a casa, yo estaba rodando fuera. Era la primavera de 1977. Cogió el teléfono mi amiga Charo. Por aquel entonces yo vivía sola, pero, en más de una ocasión, mi amiga Charo se quedaba a dormir en mi casa".
En ese extracto publicado por El Mundo se pueden leer las primeras líneas de las memorias de Bárbara Rey, amante durante años de Juan Carlos I. El periódico ultraderechista define así el texto publicado por la presentadora televisiva: "Amor, sexo, espionaje, complots, secretos de Estado...".
Desde aquella primera llamada, Juan Carlos I comenzó a llamar en torno a tres veces al día, algo que la actriz califica en el texto de "engorroso" y que quizás con la perspectiva feminista de hoy pueda ser calificado como acoso o abuso de poder. "A partir de entonces empezó a llamarme todos los días. Solía ser bastante repetitivo: admiraba cómo actuaba, cómo cantaba, mi presencia en el escenario o mis películas... Honestamente, comenzó a resultarme algo engorroso, porque se estableció una rutina diaria muy marcada: la primera llamada se producía por la mañana, bastante temprano, antes de su primera audiencia; me preguntaba cuál era mi plan del día y él me contaba su agenda. Unas horas después, por la tarde, me llamaba nuevamente y, en bastantes ocasiones, se producía una tercera llamada ya por la noche. Las conversaciones eran de contenido superficial; muchas veces no sabía muy bien qué contarle. Esto me hubiese pasado con cualquiera, ya que no nos conocíamos de nada y las llamadas se sucedían muy a menudo. Pero, además, era obvio que con él había una carga añadida", cuenta Bárbara Rey.
En el fragmento, cuenta también su primera cita con el rey en Zarzuela y posteriormente en El Pardo, llegando en un Mercedes negro y con un pañuelo en la cabeza y gafas de sol. Esos encuentros pasarían a convertirse en semanales, y ella le llevaba comida preparada por ella. Se trata de "Esa misma casa que, muchos años después, aparecería en numerosos medios nacionales e internacionales porque el rey ordenó acondicionarla para sus encuentros con Corinna Larsen", escribe la actriz.
A partir de 1993 se produce el punto de inflexión en la relación según cuenta, cuando su hermana sufrió un cáncer y ella estaba en un momento laboral complicado. Tras comunicarle su preocupación por esta situación, Juan Carlos I reaccionó más adelante situando un fajo de billetes en la mesilla situada al lado de la cama. "Todo se desarrolló de manera natural, casi como un ritual entre nosotros: las caricias, la intimidad, el sexo...Cuando terminamos, yo me quedé tumbada en la cama, mientras lo veía moverse por la habitación recogiendo su ropa, yendo al baño para peinarse y ponerse su colonia favorita. Sin ninguna prisa se puso el pantalón, la camisa blanca, el cinturón, el reloj... y finalmente el traje. Todo como tantas otras veces", relata Bárbara Rey, que añade que "Ya vestido, se acercó a la mesilla de noche y sacó del bolsillo interior de la chaqueta un fajo de billetes sujeto por una goma. Sin decir nada al principio, lo dejó casi con un gesto automático sobre la mesilla, justo al alcance de mi mano". En ese momento Juan Carlos le dijo, en palabras de la actriz: "Esto es para que puedas ir a ver a tu hermana".
Este gesto molestó a la presentadora de televisión, que escribe que "en lugar de sentirme cuidada, me sentí ultrajada, como si todo lo que habíamos compartido hasta entonces pudiera reducirse simplemente a eso: una transacción silenciosa y fría. ¿Así se trataba a alguien por quien se siente cariño? ¿Así se cuida a alguien en quien confías?".