Extinguir a Franco, a buenas horas

El dictador Francisco Franco junto al rey emérito - YouTube
Urtasun, haciendo honor a su apellido pugilístico, ha terminado la dificultosa tarea de recopilar pruebas que demuestren que la existencia de la FFF atenta directamente contra los derechos humanos, contra la memoria de las víctimas y contra el sentido común

Ernest Urtasun -que tiene nombre de boxeador, pero es un lince ibérico-, ha notificado a los responsables de la Fundación Francisco Franco su intención de extinguirla después de recopilar un montón de pruebas que demuestran que va contra la ley. Puesto que nació en 1982, Urtasun tiene 43 años, 6 menos que la Fundación Francisco Franco, la cual empezó a funcionar poco después de la muerte del dictador, a manera de reencarnación o tabla de ouija ideológica. Se entiende que muchos compatriotas no entiendan la ingente labor de reconstrucción histórica que la FFF ha llevado a cabo durante los últimos 49 años, unos cuantos más de los que estuvo al frente del país aquel insigne generalísimo al que le pusieron el sufijo para que hiciera juego con el culo.

A lo largo de los siglos, la península ibérica ha producido un Trajano, un Cervantes, un Velázquez, un Tomás Luis de Victoria, un Góngora, una Teresa de Jesús, un Goya, un Galdós, una Zambrano, un Falla, un Lorca, sí, pero nos faltaba un auténtico asesino de masas, un genocida excelso que decapitara los puntos de las íes y colocara a España bien alto en el pabellón de la maldad, el horror y la ignominia. Franco vino a ocupar ese vacío histórico -lamentablemente representado hasta entonces por aficionados como Torquemada o Fernando VII- y lo llenó con cientos de miles de españoles torturados y asesinados, la mayoría esparcidos entre cunetas y fosas comunes.

Se conoce que durante medio siglo -digamos mejor los últimos cuatro decenios-, ninguno de los ejecutivos supuestamente de izquierdas que han pasado por el gobierno de la nación -y han sido unos cuantos- ha tenido tiempo ni ganas ni motivos para iniciar las diligencias que condujeran al desmantelamiento de una organización dedicada exclusivamente, según sus propias palabras, a “difundir el conocimiento de Francisco Franco en su dimensión humana y política”, así como a “exaltar su vida como modelo de virtudes puestas al servicio de la patria”. Felipe González estaba muy ocupado despejando la X y destrozando el entramado industrial mientras que Zapatero puso en marcha una Ley de Memoria Histórica aquejada prematuramente de alzheimer. En cuanto a Pedro Sánchez, se conformó con sacar los restos del Valle de los Caídos y trasladarlos a Mingorrubio: una operación estética que por sí sola justifica la tasa de gestión de residuos. Todavía no ha derogado la Ley Mordaza, que fue ayer, como para ponerse a derogar a los cheerleaders del Caudillo.

Hay tantas y tan variadas opciones que se proclaman herederos directos del franquismo que la FFF podría trasladarse sin muchos problemas a una sede de Falange, a una reunión de Desokupa o a la taberna del chino de Usera

Sin embargo, Urtasun, haciendo honor a su apellido pugilístico, ha terminado la dificultosa tarea de recopilar pruebas que demuestren que la existencia de la FFF atenta directamente contra los derechos humanos, contra la memoria de las víctimas y contra el sentido común. No dudo de que habrá sido un trabajo de documentación descomunal, aunque se lo podían haber ahorrado mediante el sencillo procedimiento de leer el titular: Fundación Francisco Franco. Lo mismo algún historiador concienzudo, de ésos que llevan cinturón y tirantes, estuvo investigando años hasta concluir que no se referían a Franco Battiato. 

Con todo, los responsables de la Fundación (entre los que se cuentan el bisnieto del dictador, Luis Alfonso de Borbón, y un antiguo ayudante de Juan Carlos I, para que vean que todo se quedó no sólo atado y bien atado sino adornado con un lacito monárquico) pueden estar satisfechos. No tiene mucho sentido seguir enalteciendo entre bastidores la figura del mayor genocida de nuestra historia cuando su legado ha sido ampliamente recogido por un partido político, Vox, que actualmente es la tercera fuerza del parlamento. Hay tantas y tan variadas opciones que se proclaman herederos directos del franquismo que la FFF podría trasladarse sin muchos problemas a una sede de Falange, a una reunión de Desokupa o a la taberna del chino de Usera.

Me llama la atención, eso sí, el verbo utilizado para poner fin (ya veremos) a una desvergüenza histórica prácticamente sin parangón en Occidente. Van a “extinguir” la Fundación del mismo modo que extinguieron a Franco, mediante una larga, dolorosa y laboriosa agonía que intentó mantener vivo a un cadáver a base de milagros quirúrgicos. En el informe médico puede leerse que Franco falleció a causa de “un shock endotóxico provocado por una aguda peritonitis bacteriana, disfunción renal, bronconeumonía, paro cardíaco, úlcera de estómago, tromboflebitis y enfermedad de Parkinson”. De cualquier cosa, menos de alcohol y tabaco. Al final resulta que no estaba muerto: estaba batiendo el récord mundial de contener la respiración. Viva España.