Sobrevivir a Rosalía
Estos días resulta muy complicado oír la radio, teclear en el ordenador, salir a la calle y no toparte con Rosalía, con un abogado defensor de Rosalía, con un profeta de Rosalía, con un guardaespaldas de Rosalía o —lo peor de lo peor— con un analista musical especializado en Rosalía. Enciendes el televisor y en todos los canales se va apareciendo Rosalía; abres la ventana y un vecino está cantando a Rosalía; estás leyendo El idiota, de Dostoievski, y el príncipe Myshkin se enamora de Rosalía Rosaliálovich; buscas algo en el frigorífico y la cara de Rosalía se manifiesta a través de los reflejos de cristal en un tarro de pepinillos. Quieres ahorcarte de una vez y, cuando estás atando la soga al techo, descubres una mancha de humedad con el perfil inconfundible de Rosalía disfrazada de monja y abrazándose mucho. Es imposible escapar al embrujo de esta artista incomparable porque —según sus innumerables fieles— en España hemos logrado al fin la reencarnación viva de Tomás Luis de Victoria, Manuel de Falla, Victoria de los Ángeles, Camarón de la Isla y Alicia de Larrocha en una sola persona.
Rosalía es como Dios: está en todas partes y da igual que le hagas caso o no, porque Te ama incondicionalmente
Yo hago todo lo que puedo por no escuchar a Rosalía, pero no se crean que es fácil. Rosalía es como Dios: está en todas partes y da igual que le hagas caso o no, porque Te ama incondicionalmente. Normal que esta mujer haya reinventado la mística de Teresa de Jesús y le haya dedicado su último trabajo a Dios, como dicen que hizo Bruckner con su Novena Sinfonía: “Se la dedico a Aquel que es la Suma de todas las majestades; se la dedico a Dios Nuestro Señor, si Él acepta”. El pobre Bruckner no tuvo tiempo de concluir el último movimiento, construido sobre una doble fuga monumental, y, a su muerte, la Novena quedó varada como uno más entre los grandes torsos inacabados de la historia de la música: el Réquiem de Mozart, la Octava de Schubert, la Décima de Mahler, La Atlántida de Falla. Pero qué hago yo aquí, perdiendo el tiempo con esta gente cuando estaba hablando de Rosalía.
A mí no me molesta que Rosalía haya redescubierto la religión, la espiritualidad, la fe o lo que sea. Ni siquiera que haya insensatos que hayan calificado Lux como “la misa del futuro”. Se conoce que el género va degenerando poco a poco a lo largo de los siglos: la Misa de Réquiem del canto gregoriano; la Misa de Difuntos de Cristóbal de Morales; la Misa en si menor de Bach; la Missa Solemnis de Beethoven; la Misa en fa menor de Bruckner; el Réquiem polaco de Penderecki; la Misa de Bernstein; y luego Lux de Rosalía. Si tuviera que dejar de oír música con raíces católicas o connotaciones religiosas, no sólo tendría que prescindir de seis o siete siglos de catedrales sonoras sino también de los Spirituals de Mahalia Jackson, de A Love Supreme de John Coltrane o de Tales from Topographic Oceans de Yes. No me molesta la música que busca la espiritualidad, la fe o la religión: me molestan la espiritualidad, la fe o la religión que pretenden pasar por música.
La unanimidad absoluta al respecto de esta obra cumbre de nuestra época me recuerda la famosa frase del general Patton: “Si todo el mundo piensa igual, es que alguien no está pensando”
En cuanto a la música en sí, que es lo que verdaderamente importa, sospecho que una discusión estética carece de sentido, sobre todo cuando los detractores de Rosalía poco podemos hacer al lado de algunos de sus prosélitos. Por ejemplo, Alaska la ha declarado como la nueva David Bowie por su capacidad de reinvención constante; una frase que es una auténtica pedrada, no tanto contra Bowie —que también—, sino contra Rosalía. Es como si José Manuel Soto tomara de referencia para un elogio a Enrique Morente, o como si Kiko Rivera mencionara a Pavarotti. La unanimidad absoluta al respecto de esta obra cumbre de nuestra época me recuerda la famosa frase del general Patton: “Si todo el mundo piensa igual, es que alguien no está pensando”. Estos días he visto a gente —incluso a un músico profesional— que ha compartido una supuesta canción de Rosalía dedicada a las víctimas de la DANA, cuando en realidad se trata de un churro despachado por una IA generativa a base de corta y pega. Si el pastiche ha colado sin mayores problemas, es porque el listón no estaba muy alto. Que prueben con la IA a terminar la Novena de Bruckner o a intentar otra plegaria de Coltrane, a ver qué pasa.