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Argumentario de supervivencia navideña contra tu comensal negacionista climático

Dile a tu comensal que no hay soluciones dentro del crecimiento perpetuo para un planeta de recursos finitos y que por mucho que se ponga del lado de los ricos, él también está pagando ya las consecuencias del cambio climático

No vamos a ser tópicas: asumamos que toda familia tiene un cuñado o varios, y si no lo tiene, quizá el cuñado —o cuñada— eres tú. Es un concepto tan manido como útil, pero en el caso del cambio climático, la cuestión es demasiado urgente e importante como para permitir que el negacionismo avance también en nuestra cena. Así que, si has de soportar una sobremesa cargada de falsedades, mentiras y “factos” (como se dice ahora) no lo hagas sin munición suficiente para dar la vuelta a los argumentos: según un artículo de la revista especializada CLIMÁTICA, el 80% de las y los españoles considera urgente tomar medidas contra el cambio climático. Sin embargo, un 9,3% de la población se muestra escéptica y no cree en la existencia de este fenómeno, y puede que pretenda convenceros entre platos. Este artículo no pretende ser un análisis científico de datos complejos ni un ensayo en profundidad, pero sí ofrecer unos argumentos sencillos para aclarar conceptos y salir airosa estas fiestas. Ya sabéis, el negacionismo avanza si no se le combate.

“El cambio climático es un fenómeno natural” o “a veces refresca, otras veces hace calor”

Algunos argumentan que la Tierra ha pasado siempre por ciclos de calentamiento y enfriamiento a lo largo de su historia, y que el actual calentamiento o los fenómenos de altas temperaturas son simplemente parte de ese ciclo natural. Además, afirman que no existe consenso en la comunidad científica sobre la existencia del cambio climático o sobre la influencia que ha tenido o tiene el ser humano en él a pesar de seis informes del IPCC, 28 reuniones de la COP, decenas de miles de artículos científicos y evidencias que pasan cada año por tu cara.

¿Cómo sabemos que el calentamiento global no se debe a causas naturales? Pues porque, aunque claro que existen causas naturales del cambio climático, y que influyen en la temperatura global, éstas no han tenido un impacto significativo desde la era preindustrial. En román paladino: los cambios se han acelerado por culpa de la acción humana y se aceleran cada vez más y más rápido, y la nevada que cayó en tu pueblo en los años cincuenta no es representativa de nada, José Luis.

De hecho, las emisiones humanas habrían calentado la Tierra aproximadamente 1.5°C (según el IPCC en 2021), gracias principalmente a las emisiones de dióxido de carbono, el principal gas de efecto invernadero, seguido del metano y el óxido nitroso. O sea, fruto de la actividad industrial, fábricas, transporte, agricultura intensiva… Aunque no puedas imprimirla en cartón pluma para sacarla entre las gambas y los langostinos, quédate con la siguiente gráfica del IPCC que ilustra este fenómeno claramente, mostrando que el calentamiento observado entre 1850 y 2019 solo se reproduce en simulaciones que incluyen la influencia humana.

Como afirman con rotundidad Antonio Turiel y Juan Bordera, ningún modelo climático físico puede reconstruir la historia del clima desde mediados del siglo XX hasta hoy sin considerar el efecto causado por los gases de efecto invernadero emitidos en grandes cantidades al quemar combustibles fósiles. Y aunque te joda, hay que dejar de quemarlos.

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Pero… las temperaturas globales ya han subido en el pasado, vamos, el famosocalor ha hecho siempre”

Este argumento, que seguro, será de los más populares, es también fácilmente discutible con datos. Siembre ha habido un periodo estival y un periodo invernal, con mayor o menor variaciones en el clima, pero los registros de temperaturas de los últimos años son alarmantes e inusuales. Se habla de emergencia climática atendiendo a la velocidad a la que se están dando estos aumentos de temperaturas, con olas de calor más frecuentes e intensas, derretimiento acelerado de glaciares y aumento del nivel del mar, y que no pueden explicarse únicamente, como hemos dicho, por causas naturales. Y si esas cifras no le valen a tu primo, dile que las inmobiliarias reconocen un patrón de cambio hacia la compra de casas de recreo, verano y también de residencia habitual hacia el norte de España. Si los ricos se están comprando casas en Castro Urdiales, por algo será.

Pero centrémonos en los datos; la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático y otras muchas fuentes de medición en todo el mundo (demasiada gente para estar toda metida en la conspiración de la Agenda 2030, ser reptilianos o iluminatis) han registrado un rápido incremento en la magnitud, intensidad, frecuencia y duración de los eventos de calor extremo. Los 3 días más calurosos de la historia ocurrieron en julio de 2024. El Servicio de Cambio Climático Copernicus de la Unión Europea declaró el domingo 21 de julio de 2024 como el día más caluroso registrado. Luego, el lunes 22 de julio y el martes 23. Vamos, que veranear la segunda quincena de julio en primera línea de playa con tu cuñado sí que es literalmente, hoy por hoy, un infierno.

Dejamos por aquí otra gráfica por si quieres guardarla en el móvil: es el deshielo que está teniendo lugar en el Ártico (los datos, públicos, pueden consultarse aquí: Arctic and Antarctic Data).

 

Los datos y su evolución son más que evidentes, en 1980 la extensión de hieloen el Ártico era de 11.91millones de km2 y los datos para 2023 muestran una cifra de 10.04 millones de km2, es decir, se ha perdido la superficie equivalente a unos 260 campos de fútbol aproximadamente. Una búsqueda de fotos de los 80/90 comparada con las actuales tomadas en el mismo paisaje debería bastar para darse cuenta de que aquí pasa algo grave. Estos datos, si ya de por sí resultan muy alarmantes, pueden sumarse a la evidencia científica de la que ya muchos advierten y que es el preocupante deshielo del permafrost fruto de estas temperaturas y sus devastadoras consecuencias, pero no nos vamos a meter hoy en ese jardín.

Pero no hace falta irse al Ártico para hacernos eco de las devastadoras consecuencias de esta subida de temperaturas: basta con irse a Murcia y observar el Mar Muerto y su superficie llena de peces fritos fruto de la alta concentración de contaminantes procedentes de los cultivos y de las altas temperaturas registradas en la zona. Los récords de temperatura en la superficie de los océanos están siendo pulverizados. Como destacan de nuevo Bordera y Turiel, una acumulación de distintas causas están interactuando al mismo tiempo para que estas anomalías se estén dando de una manera tan abrupta que, aunque es probable que todavía quede algo de tiempo para reaccionar, las mejores opciones ya se están evaporando.

Estáis exagerando. ¡Ni que el mundo fuera a acabarse mañana!

Pues no, esto no es “Los Vengadores”, ni el guante de Thanos, no vamos a pulverizarnos de la noche a la mañana. Pero ya hay migraciones climáticas sucediendo en varias zonas del mundo y muchísimas personas y seres vivos pagando con sus vidas la desatención a la emergencia climática. El ambientólogo Andreu Escrivà invita a no caer en binomios: no quiere decir que si superamos esa barrera de los 2ºC tendrá lugar una catástrofe mortal para la humanidad de manera inminente y si te quedas por debajo todo irá bien y estaremos a salvo, no funcionan así las cosas, pero lo que sí que está claro es que siempre va a valer la pena limitar la subida descontroladas de temperaturas en la medida de lo posible y que no podemos, como la rana que se cuece poco a poco en la olla, pensar “todo va bien” hasta que terminemos hirviendo sin tiempo para saltar.

Pensemos en Valencia: 222 víctimas mortales por una DANA que no solo podía preverse, sino que también se podían prevenir y mitigar sus consecuencias, pero Carlos Mazón decidió que era mejor comer menú con postre, copa y puro y no hacer caso a todas las advertencias científicas. Alguno dirá que inundaciones como esas han ocurrido siempre, pero de nuevo, esto no es verdad. En Dubai, en abril de este año cayó la lluvia de un año y medio en un día (254,8 mm de agua en 24 horas). Las DANA en sí mismas, o el fenómeno conocido como “gota fría” es común en la zona del levante español, cierto, pero de lo que los expertos y modelos alertas es su relación con el cambio climático. Cada grado que aumenta la temperatura del aire multiplica la cantidad de agua que puede caer en forma de precipitación. Con el calentamiento del mar mediterráneo (+2ºC por encima del promedio 1981-2000) forman un cóctel donde la cantidad de energía acumulada y el riesgo de que se produzca un fenómeno extremo van en aumento. Y si tan seguro estás de que esto es coyuntural e imprevisible, José Luis, ¿a que ahora te pensarías dos veces comprarte un bajo a pie de calle al lado de un río si no tuvieras las garantías de que no es inundable?

El cambio climático es una conspiración política de los ricos para controlar la economía y la vida de las personas

Ese supuesto discurso “antiélites” que oirás a Iker Jiménez no te hace más rebelde ni sabedor de una verdad secreta que nadie más que tú conoce. Una cosa es el problema —la emergencia climática— y otras son las soluciones, insuficientes, tramposas e irresponsables, que se están plateando desde los poderes políticos, que, como sabemos de sobra, responden a muchos intereses que no son los del interés general de la gente corriente. Si, además, pensamos en Europa, donde la agenda verde ha estado mediada por el lobbismo de las energéticas y las empresas petroleras, es lógico pensar que algunas de las medidas planteadas para mitigar el cambio climático parecen afectar mucho más la cotidianeidad de la gente trabajadora que a la riqueza y los privilegios de las grandes fortunas y empresas. Pero eso no significa que haya que adoptar una postura conspiranoica y negacionista, o decir tonterías como que no se recicla porque todo acaba en el mismo cubo o que las ciudades sin humo son una cosa para pijos que pueden pagarse un coche eléctrico —que haberlos hailos—. La mejor forma de disputar el discurso a un “postureo” verde que no cambia nada no es ser negacionista ni irresponsable, sino anticapitalista y radical en combatirlo y disputar la alternativa, así como exigir a los poderes públicos y los responsables de esta catástrofe que rindan cuentas por el daño que están haciéndonos. Si José Luis prefiere ver Horizonte en Cuatro que apoyar a las chavalas de Extinction Rebellion, entonces, que no te engañe: está del mismo bando que cualquier petrolera.

“Las medidas contra el cambio climático son demasiado costosas, es mejor invertir en nuevas tecnologías que nos permitan seguir creciendo y contrarrestando sus efectos” o el también famoso “la tecnología nos salvará!”

Según Manolo, que cuando utiliza este argumento es experto economista e ingeniero, las políticas decrecentistas para combatir el cambio climático son económicamente inviables y ¡los recursos deberían destinarse a otros problemas mucho más urgentes! Es fácil pensar “bah, eso ya lo arreglaremos”: muchas personas, aunque conscientes del caos climático que hemos provocado, prefieren autoengañarse e irresponsabilizarse antes que admitir que probablemente no haya una solución técnica milagrosa. Esto los dejaría vulnerables ante una verdad difícil de aceptar: no hay solución dentro de la búsqueda de un crecimiento perpetuo en el mismo sistema capitalista que causó el problema.

Esta dinámica de crecimiento continuo y de aumento sostenido de la extracción de recursos naturales resulta insostenible. Si centramos la atención, por ejemplo, en la extracción de minerales, la minería y el procesado de sus materias primas supone el 10% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Lo mismo ocurre con el extractivismo fósil, la producción de petróleo ya ha llegado (o está prácticamente al límite dependiendo del lugar del mundo) a su pico límite de producción. En consecuencia, el petróleo es cada vez más difícil y costoso de extraer. Pero no sirve con sustituir una tecnología por otra o una fuente energética por otra si no cambiamos radicalmente el modelo de consumo y decrecemos. Un ejemplo lo pone Antonio Turiel, cuando afirma que pensar que el coche eléctrico será la alternativa a los motores de combustión es una ilusión, ya que la escasez de materiales necesarios para fabricar las baterías no permitiría cubrir ni el 10% de la demanda mundial actual.

Y este punto es imprescindible rescatar esto que contaba recientemente Juan Bordera, la idea del “optimismo de conveniencia" que explica también por qué el mundo ha avanzado muy poco en la lucha contra el cambio climático. Esto es en parte, debido a la fuerte resistencia de aquellos que se benefician financieramente del actual sistema basado en combustibles fósiles, y también de las alternativas cosméticas que no van al fondo del problema. Cuando la élite empieza a venderte optimismo, a decirnos que “no pasa nada”, que todo está bajo control, cuando manipulan datos y estrategias para que sus ingresos no paren de aumentar, tiembla, dice Bordera. Ese “tecno-optimismo” ante la catástrofe solo puede permitírselo una élite —sesgo de clase, dice el autor— que pretende salvarse a costa de sus privilegios apelando a un futuro en el que todo irá bien. Para ellos, claro. Mientras, ya hay millones de personas sufriendo el presente climático: éxodos, pobreza, salud… Así que dile a tu comensal que no hay soluciones dentro del crecimiento perpetuo para un planeta de recursos finitos y que por mucho que se ponga del lado de los ricos, él también está pagando ya las consecuencias del cambio climático.Aunque aún no se haya enterado, o no haya querido enterarse.