El 8M en el auge reaccionario
En un momento de guerra, crisis social y avance reaccionario, las calles vuelven a ser el espacio donde defender derechos de las mujeres trabajadoras, que lejos de estar consolidados siguen siendo profundamente frágiles
El auge reaccionario como escenario global
Este 8M está marcado particularmente por un escenario de guerras y un auge de tendencias reaccionarias y autoritarias sin precedentes desde el final de la guerra fría. Nos encontramos en una fase de crisis capitalista irredimible por la socialdemocracia, no solo incapaz de frenar las tendencias reaccionarias y bélicas de los estados occidentales, sino ejerciendo un papel como agente activo. El “no a la guerra” de Sánchez quizá haya sido el más corto de la historia, cuando horas después, enviaba la fragata Cristóbal Colón a Chipre para dar protección y defensa aérea en la operación estadounidense en Irán.
La irrupción de “una sola guerra”, como decía Rafael Poch, constituida por toda una serie de conflictos bélicos como la invasión de Ucrania, Venezuela, el genocidio en Gaza o el bombardeo de EEUU en Irán, nos colocan en un marco donde el orden capitalista liberal, liderado por los Estados Unidos, ya no tiene cómo sostenerse sin el uso de una violencia directa y desmedida. El derecho internacional, la carta de los derechos humanos o las garantías de las separaciones de poderes como base de la cooperación del orden liberal, se han quedado en papel mojado mientras se persigue a periodistas, se blindan leyes de excepción y se pisotean resoluciones de la ONU sin consecuencias.
En este mismo escenario, y desde hace unos años, asistimos también al auge de fuerzas reaccionarias, que sin tapujos están cuestionando derechos ganados que hasta hace poco parecían incuestionables. Entre 2023 y 2025 la extrema derecha ha crecido en casi todos los países europeos que han celebrado elecciones generales, rondando ya el 30% del voto en países como Francia, Austria, Suiza o Rumanía, disparándose también en Países Bajos, Grecia, Bulgaria o Portugal, con figuras como Le Pen, Meloni o la AfD convertidas en actores centrales de gobierno u oposición. En las elecciones europeas de 2024, las derechas radicales lograron 187 eurodiputados, el 26% de la Eurocámara, por primera vez por encima de la socialdemocracia (136 escaños, un 18,9%).
Mientras en países como Estados Unidos, Polonia o Hungría se prohíbe o se restringe drásticamente el aborto, en el Estado español tendemos a pensar que estos retrocesos nos quedan lejos. Pero la realidad es que aquí también asistimos al mismo patrón de retrocesos
En el Estado español, las encuestas del CIS de febrero 2025 y ElectoPanel de marzo 2026 vuelven a situar a la extrema derecha en una senda de crecimiento sostenido (14,2-15,3%), capitalizando el voto masculino joven (hasta 30%) y a la antigua clase obrera empobrecida. La integración de sus marcos en el discurso del Partido Popular, los pactos autonómicos y la presencia de dirigentes ultras en gobiernos regionales han terminado de normalizar un proyecto que combina autoritarismo punitivo, racismo, antifeminismo y negacionismo climático. En efecto, el informe sobre el Estado Global de la Democracia 2024, de IDEA Internacional, muestra que más de la mitad de los países evaluados han empeorado en al menos un indicador democrático en cinco años, y que Europa registra retrocesos especialmente en libertades civiles y en la calidad de las elecciones.
La necesidad imperiosa del 8M
¿Y qué tiene que ver todo esto con el 8M? En realidad, todo. Cabe recordar que las agendas reaccionarias no solamente atentan contra derechos sindicales, de manifestación, o de asilo, sino que también construyen su política atacando los derechos de las personas migrantes, LGTBIQ+ y las mujeres. Estamos por tanto ante algo más que una simple batalla cultural. A través de sus discursos y políticas, nos encontramos con una normalización del racismo y el antifeminismo, apuntando hacia a un verdadero giro autoritario del capitalismo europeo.
Mientras en países como Estados Unidos, Polonia o Hungría se prohíbe o se restringe drásticamente el aborto, en el Estado español tendemos a pensar que estos retrocesos nos quedan lejos. Pero la realidad es que aquí también asistimos al mismo patrón de retrocesos. Los derechos reproductivos, para las mujeres trabajadoras, todavía son inalcanzables. En 2024 se practicaron 106.172 abortos, de los cuales el 79% fueron en clínicas privadas, con comunidades como Madrid donde la sanidad pública apenas interviene (177 abortos en diez años). El acceso al aborto queda por tanto excluido para mujeres jóvenes, precarias y migrantes, que son las que pagan esta externalización con viajes forzados, dinero del bolsillo o clandestinidad. Los partidos de derecha lo explotan. Así, Vox promete ecografías obligatorias, escuchar latidos fetales y derogar la ley de aborto actual. Allá donde gobierna con el PP, las consejerías de Igualdad se convierten en “Familia” y se recortan presupuestos contra la violencia machista.
Frente a quienes pretenden disciplinar la vida a través de la explotación del trabajo reproductivo o a vender soluciones parciales, las mujeres trabajadoras –muy especialmente las migrantes– recuerdan cada año que la igualdad nunca fue una concesión, sino una conquista arrancada mediante lucha de clases
Las estructuras de género sirven para reproducir el capitalismo, especialmente con la explotación gratuita del trabajo reproductivo femenino. De hecho, según estudios de la Universidad Carlos III, las mujeres trabajan de media 3,5 horas diarias de trabajo reproductivo no remunerado (cocina, cuidados, limpieza), equivalente al 40% del PIB español oculto. Y si alguien sabe esto, son las derechas, que precisamente limitan o retroceden en derechos reproductivos para insistir en la idea de la familia nuclear como dispositivo para disciplinar la fuerza de trabajo. Vox, Meloni, o Le Pen, no atacan el aborto ni las leyes trans porque sean "pro-vida", sabemos que las vidas de las niñas les importan muy poco, especialmente cuando se tratan de las víctimas de las guerras que ellos apoyan. Los atacan porque cuestionan la institución familiar, que garantiza la reproducción gratuita de la fuerza de trabajo.
Además, mientras la familia nuclear colapsa por falta de tiempo, 500.000 mujeres migrantes sostienen desde 2017 el sector del hogar y cuidados siendo ellas el 65% de la fuerza de trabajo, muchas sin papeles, trabajando jornadas de 12 horas y cobrando 400-500 euros al mes en la economía sumergida. Cabe señalar la grave complicidad del gobierno socialdemócrata, que, aunque ratificó el Convenio 189 de la OIT en 2023 –un avance innegable para las empleadas de hogar–, sigue sin derogar la Ley de Extranjería a petición de colectivos y sindicatos migrantes. Así, las mujeres que sostienen los cuidados de todo un Estado permanecerán condenadas a la irregularidad y la vulnerabilidad absoluta."
Es por esto que el 8M adquiere hoy una urgencia particular. En un momento de guerra, crisis social y avance reaccionario, las calles vuelven a ser el espacio donde defender y exigir derechos de las mujeres trabajadoras, que lejos de estar consolidados siguen siendo profundamente frágiles. Frente a quienes pretenden disciplinar la vida a través de la explotación del trabajo reproductivo o a vender soluciones parciales, las mujeres trabajadoras –muy especialmente las migrantes– recuerdan cada año que la igualdad nunca fue una concesión, sino una conquista arrancada mediante lucha de clases.