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Marco Rubio: el sembrador de miedo

Rubio es el operador estrella del intervencionismo en América, arquitecto de una guerra ideológica que vincula cualquier experiencia soberanista con crimen, miseria y amenaza global
Foto: Secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, a su llegada a Jamaica. X/SecState
Foto: Secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, a su llegada a Jamaica. X/SecState

“Su nombre aparece una y otra vez detrás de sanciones, bloqueos, listas negras y campañas de difamación contra Cuba, Venezuela o cualquier país que se atreva a salirse un centímetro del guion made in Washington. Lleva más de 25 años viviendo del Erario, eso que tanto dice odiar— y su repentino amor por Trump, después de haberlo detestado, es la mejor muestra de su talento: el arte milenario del oportunismo. Rubio no cambia de principios; los renta según quién esté en la Casa Blanca.

Nació en 1971 en Miami, hijo de inmigrantes cubanos que llegaron a Estados Unidos antes de la Revolución, aunque él insiste en vender la fábula de que huyeron del comunismo. Desde chico aprendió la lección que lo haría vivir de la política: la victimización vende y el anticastrismo paga.

Rubio es un actor estratégico en la ofensiva imperial que busca impedir el surgimiento de una América Latina libre y autónoma. Su objetivo no es solo castigar gobiernos: es sembrar miedo y disciplinar pueblos

Esto nos contaba hace unos meses en su Guillotina nuestra compañera Ingrid Urgelles sobre el secretario de Estado y jefe de la diplomacia de Estados Unidos, quien hace un recorrido por la historia política de Marco Rubio y nos recordó como desde la Comisión de Inteligencia del Senado, el republicano se posicionó silenciosa pero eficazmente como “experto en política exterior de América Latina”, apuntando sus municiones contra Venezuela y su obsesión: Cuba

En Venezuela fue uno de los mayores promotores del fallido golpe de 2019 con Guaidó, hasta viajando a Cúcuta para coordinarlo.

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En noviembre de 2024, con Trump de vuelta a La Casa Blanca, Rubio fue nominado como Secretario de Estado con 53 años y desde ahí ha liderado una cruzada para reincorporar a Cuba a la lista de “países que apoyan el terrorismo”. Jurídicamente insostenible, devastador en la práctica: bancos, empresas e inversores se han alejado profundizando la crisis provocada por el bloqueo, la pandemia y el cerco energético iniciado este año.

Desde su posición, impulsa leyes que bloquean préstamos multilaterales, exige restricciones digitales en Cuba, promueve listas negras de académicos y periodistas soberanistas e infiltra discursos evangélicos que justifican el neoliberalismo como “orden natural”.

Es un actor estratégico en la ofensiva imperial que busca impedir el surgimiento de una América Latina libre y autónoma. Su objetivo no es solo castigar gobiernos: es sembrar miedo y disciplinar pueblos.

"El titular del Departamento de Estado, es anti-latinoamericano. “Es un enemigo mortal de Cuba, un enemigo mortal de muchos países latinoamericanos” indicó el presidente de Brasil, Lula da Silva

Ayer, en su comparecencia ante el Senado, el secretario de Estado de Estados Unidos, volvió a colocar a los cárteles mexicanos en el centro de la agenda de seguridad de Washington, al advertir ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado sobre el posible uso de drones contra intereses estadounidenses. Y justificó ataques contra lanchas civiles en aguas internacionales; operaciones sin pruebas que ya suman 200 muertos. 

Como bien dijo Lula: el titular del Departamento de Estado, es anti-latinoamericano. “Es un enemigo mortal de Cuba, un enemigo mortal de muchos países latinoamericanos”

Rubio es el operador estrella del intervencionismo en América, arquitecto de una guerra ideológica que vincula cualquier experiencia soberanista con crimen, miseria y amenaza global. 

Pero no actúa solo. Es parte de un entramado de think tanks, agencias de inteligencia, fundaciones de lobby, corporaciones mediáticas y sectores militares para expandir el dominio de Estados Unidos sobre toda América