Garras trumpistas en Colombia #ElCierre
Las garras del imperio, las garras del águila calva, ya ni disimulan. Los Estados Unidos han visto siempre a nuestra América Latina como su patio trasero, pero al menos se cubrían un poco. Es lo que tiene el bestialismo. Que ya no hace falta ni disfrazarse. Ya sea por intervenciones militares, económicas, mediáticas, judiciales, los Estados Unidos han creado un método de injerencia en nuestros territorios. Lo decoraban, eso sí, con fines nobles. Defensa de la democracia, lucha contra las drogas, libertad para la gente. Inserte usted su excusa gringa favorita aquí.
Pero en tiempos donde las máscaras han caído del todo al suelo, en parte por la inacción vergonzosa de occidente, de Europa, ya no hace falta ni justificar las intervenciones. Donald Trump lo ha vuelto a hacer. El emperador quiere lo que es nuestro y para ello entra directamente en nuestros países, interviene nuestra soberanía; secuestra a un presidente si hace falta, bloquea a una isla entera, si hace falta; amenaza a un mandatario como Gustavo Petro, si hace falta; financia la campaña de su pupilo Javier Milei, si hace falta; indulta a su narcotraficante Juan Orlando Hernandez de Honduras para luego meterlo en la presidencia, si hace falta; asesina en aguas internacionales como vía de presión sin que nadie se atreva a detenerlo por cometer ejecuciones extrajudiciales, si hace falta; y ahora, anuncia a su candidato colombiano: Abelardo de la Espriella.
Ya lo decíamos, en Colombia no sólo se decide el proyecto político de los próximos años en clave “ser soberanos o ser lacayos”, sino que en Colombia se está jugando también la sostenibilidad de nuestra región. ¿Soberanos o lacayos en América Latina? El Cóndor hoy es de color naranja. No necesitan tanques militares, el imperio cuenta con sus propios candidatos. Los traidores a la patria están hoy en las cédulas de votación dispuestas a llegar al más alto cargo de nuestros estados para regalarlos. Para entregarlos como ofrenda y dádiva a su verdadero jefe: Donald Trump. No hay democracia ya en América Latina en general, porque no hay democracia sin soberanía. Lo que hay es resistencia frente al intervencionismo. Y me temo que esa resistencia empieza en las ánforas los domingos electorales, pero no se agota ya en ellas.
Hermanos y hermanas, este 2026 nos demuestra que los códigos en que analizábamos nuestro propio tablero regional ha variado. Nunca ha sido más necesaria nuestra propia concepción de patria grande. No hay ninguna elección presidencial o legislativa que esté dentro de nuestras fronteras. Las elecciones en Argentina no son solo argentinas, las elecciones chilenas no son solo chilenas, las elecciones bolivianas no son solo bolivianas, las elecciones ecuatorianas no son solo ecuatorianas, las elecciones peruanas este domingo no son solo peruanas del mismo modo que las elecciones colombianas, en breve, no son solo colombianas. Nos han puesto en el punto de mira. En el pelotón de fusilamiento. Pero nos ha puesto a todos. A Trump no le interesa si el litio salió de Bolivia o Argentina, lo quiere igual. A Trump no le interesa si el oro viene de Perú o Bolivia, lo quiere igual. A Trump no le interesa si sus amigos sionistas invaden con su doctrina genocida nuestros territorios poniéndonos en riesgo, quiere que lo invadan todo igual. A Trump no le interesa la diferencia entre nuestras banderas, nuestros acentos, nuestras latitudes, nuestros himnos nacionales, nuestras ancestras ni nuestra memoria. Trump nos ve como un todo expoliable, esclavizable, lucrativo e inferior. El supremacismo es esto. Y en Colombia tiene a su hombre: Abelardo de la Espriella. De matagatos a matacolombianos. Recuérdalo.
Por eso, ninguna elección en nuestra región es sólo una elección por país. Todas son regionales. No hay mejor momento para colectivizar nuestras luchas y banderas y recuperar la potencia de nuestra patria grande. Una patria grande.
Que De La Espriella, el representante del capitalismo despiadado, del lacayismo ante el imperio, del ahorcamiento de la gente común y corriente como tú y como yo, el que se vende como tigre pero ante Trump no llega ni a gatito, no es algo que solo importe a nuestros hermanos colombianos. Porque Colombia es un faro urgente de resistencia en la región que nos quieren robar. Trump ya lo anunció: voten a mi candidato. Colombia, por favor, sálvanos de Trump.
Pero así como la intervención trumpista no conoce de fronteras y nos ve como un todo, nuestras luchas también pueden demostrar que trascienden las fronteras. Bogotá o Cali en Colombia están en pie de lucha contra el imperio. Bolivia sigue en pie de lucha y ha logrado la dimisión de dos ministros por esa terquedad ejemplar andina. Chile está en pie de lucha contra los recortes de José Antonio Kast -el Trump chileno- que en cuanto llegó a la Moneda sacó su motosierra. Perú está en pie de lucha, votando primero este domingo a Roberto Sánchez para frenar a Keiko Fujimori, que lleva sangre lacaya en las venas al igual que su padre que nos entregó a los EEUU con su constitución vigente hasta hoy, pero también luchando en las calles y siendo reprimidos por ello. La región está resistiendo. Necesitamos resistir juntos. Lo que pasa en cada país nos importa hoy a todas y a todos.
Donald Trump nos ha declarado la guerra y ha puesto a sus coroneles en posición: Noboa en Ecuador, Kast en Chile, Milei en Argentina, Bolsonaro en Brasil, Fujimori en Perú, Paz en Bolivia, Asfura en Honduras, Bukele en El Salvador, etcétera. Pongamos nosotras a nuestros coroneles, a nuestras coronelas, también en posición. Que no nos roben la región. Colombia es clave para evitarlo. Hasta mañana.