El jefe de opinión de El Mundo escribe un artículo denigrando a Bad Bunny y a sus fans: “estallido de guturalidad primitiva, foco de hantavirus sónicos”
El columnista y jefe de Opinión de El Mundo, Jorge Bustos, dedica su columna del 2 de junio de 2026 a arremeter contra Bad Bunny, contra sus seguidores y contra el concierto que el artista puertorriqueño ofrece en Madrid. La pieza arranca interpelando directamente al lector de pago del diario: si puede leerla íntegra, escribe Bustos, “se debe a que es suscriptor de EL MUNDO, y esa condición lo eleva automáticamente por encima de la clase de gente que pagaría por figurar en uno de esos rituales colectivos de regresión neolítica que algunos dan en llamar conciertos”.
A renglón seguido, el jefe de Opinión sostiene que “una sensibilidad bien formada jamás financiaría voluntariamente el sometimiento de sus tímpanos a la purga de Benito, y tampoco permitiría que su onda martirial alcanzase a sus allegados”. Y advierte al lector: “Imagine exponer a un hijo o a una sobrina a semejante estallido de guturalidad primitiva, ese foco de hantavirus sónicos que se ha esparcido por Madrid con el permiso del Ayuntamiento y ante la pasividad de Amnistía Internacional”.
El columnista recurre a continuación a una analogía con el Holocausto. “Por mi parte, recién aterrizado como estoy del infierno concentracionario, solo acierto a dar gracias a Yahvé de que el reguetón no se hubiera inventado en tiempos de Rudolf Höss”, escribe, en referencia al comandante del campo de exterminio de Auschwitz.
Bustos dedica otro pasaje a La Casita, el palco VIP del concierto, al que califica de “aquelarre tribal”. Define el palco como un espacio “concebido para estimular la envidia absurda del mortal gregario que fotografía a famosos ardiendo en la hoguera de la vanidad”. Sobre la presidenta de Inditex, Marta Ortega, fotografiada en ese palco, el columnista asegura que “solo nos reconcilia con la especie el gesto de repugnancia irreprimible que asoma al rostro de Marta Ortega, una mujer que tiene dinero no ya para asistir al concierto de Año Nuevo en Viena sino para dirigirlo con el arco de un Stradivarius recién subastado”.
El texto llega a su pasaje políticamente más explícito al referirse a Pedro Sánchez. Bustos escribe: “Ni las saunas ni las cloacas ni la amnistía ni la corrupción familiar ni las mordidas ni el blanqueamiento de Bildu ni las joyas de Zapatero nos han hecho sentir tanta vergüenza como el día en que Benito Antonio Martínez Ocasio fue reivindicado en el Congreso. Ahí tocó fondo la democracia española, cuando uno que todavía es presidente del Gobierno dijo desde su escaño: ‘¿Vio el espectáculo de Bad Bunny? Pues eso, menos odio y más amor’”. El jefe de Opinión de El Mundo remata el párrafo afirmando que “la unión de Pedro Sánchez y Bad Bunny en la misma frase (…) es el argumento más poderoso para rehabilitar el odio como emoción política que se ha oído en Europa desde los tiempos de Carl Schmitt”, el jurista alemán que ofreció cobertura intelectual al régimen nazi.
La columna cierra con una última sentencia sobre el artista: “Si Bad Bunny representa el estadio actual de la creatividad humana, que me perdone el Santo Padre pero yo voy con la IA”.