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¿Por qué sigue comprando armas a Israel?

Si Sánchez reconociese que el gobierno sigue financiando el genocidio, nos tendría que responder a la pregunta, nos tendría que explicar por qué y ninguna respuesta es buena

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una sesión de control al Gobierno, en el Congreso de los Diputados - Fernando Sánchez / Europa Press
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una sesión de control al Gobierno, en el Congreso de los Diputados - Fernando Sánchez / Europa Press

Como demuestran los datos públicos del gobierno sobre el comercio exterior y como han recogido en numerosos informes y artículos el Centre Delàs y periodistas como Olga Rodríguez, el gobierno de España sigue comprando armamento a Israel y lo hace por cantidades que son cientos de veces superiores al monto del pequeño contrato de compra de balas suspendido hace un par de semanas en medio de un gran alboroto político y mediático.

Aunque algunas ministras, como Margarita Robles, reconocen el hecho, argumentan que no hay posible sustituto de los productos israelíes en el mercado y dejan claro que van a seguir adquiriéndolos, la mayoría del gobierno, con Pedro Sánchez a la cabeza, han decidido optar por el bulo y directamente negar que exista comercio de armas con Israel en contra de sus propios datos oficiales. Sánchez ha pronunciado esta mentira varias veces en el Congreso de los Diputados y también se han sumado a ella ministras de Sumar, como Mónica García.

Ministros del PSOE y periodistas de sus medios afines que nunca habían utilizado la palabra han empezado a describir lo que está haciendo Israel en la franja como un "genocidio"

A esta financiación directa del genocidio y su negación en público hay que añadir, además, un factor que convierte toda la situación en algo todavía más difícil de entender. Mientras el gobierno compra armas a Israel y lo niega mintiendo, Pedro Sánchez se pasea por el mundo emitiendo mensajes de condena cada vez más contundentes. Solamente en esta semana, pidió la expulsión de Israel de Eurovisión, ordenó a su grupo parlamentario votar a favor de la admisión a trámite de una ley para implementar un embargo de armas a Israel, anunció que presentará a la Corte Internacional de Justicia una petición para que evalúe el bloqueo en la Franja de Gaza y desveló, desde Turquía, que va a promover una resolución en la asamblea general de Naciones Unidas para exigir que Israel permita la entrada de ayuda humanitaria. Simultáneamente a todo esto, ministros del PSOE y periodistas de sus medios afines que nunca habían utilizado la palabra han empezado a describir lo que está haciendo Israel en la franja como un "genocidio".

Nada de esto conlleva ninguna consecuencia material y la prueba más impactante es que el voto al favor de la toma en consideración de la ley de embargo de armas por parte del PSOE es simultáneo en el tiempo a la negativa del gobierno de aprobar dicho embargo en un Consejo de Ministros extraordinario para el que no necesita la aprobación de ninguna ley en el parlamento (como quedó demostrado con la rescisión del contrato de las balas para el ministerio del interior). Por otra parte, pedir la expulsión de Israel de Eurovisión dos días después de que acabe el certamen es apuntar algo que, como mucho, podría suceder dentro de un año. Por último, Sánchez es perfectamente consciente que Israel se encuentra en desacato de la Corte Internacional de Justicia y también de la ONU y que, por tanto, cualquier resolución que estos organismos aprueben es papel mojado.

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Esfuerzos a detener materialmente el genocidio no dedican ninguno, pero ingentes cantidades de energía son dedicadas a contar a su electorado que estamos ante el paradigma de la valentía en esta materia

Sin embargo, tan importante como el hecho de que el gobierno del PSOE y Sumar no está haciendo absolutamente nada material para frenar el genocidio es el hecho de que trabajan día a día para que parezca lo contrario. Esfuerzos a detener materialmente el genocidio no dedican ninguno, pero ingentes cantidades de energía son dedicadas a contar a su electorado que estamos ante el paradigma de la valentía en esta materia. El hecho es relevante porque indica que tanto Sánchez como el PSOE han detectado que hay un clamor en sus bases sociales y electorales contra lo que está haciendo Israel. Si no, no tendrían necesidad de invertir tanta energía en juegos de manos y en la búsqueda de titulares mediáticos. Es evidente que saben que aparecer como un gobierno contundente contra el genocidio es indispensable para garantizar su supervivencia política.

Y es esto precisamente lo que lleva de forma lógica una pregunta: ¿Por qué siguen, entonces, comprando armas a Israel?

Es decir, parece bastante obvio que, si el gobierno de España cortase las relaciones diplomáticas y comerciales con Israel, impidiese que los barcos que le llevan armamento pudieran atracar en puertos españoles e implementase un verdadero embargo de armas, no solamente estaría haciendo algo —por fin— para intentar detener el genocidio sino que, además y también, Sánchez y el PSOE ganarían un enorme capital político no solo en España sino muy posiblemente en el mundo entero. Cuando la campaña de la derecha y la extrema derecha contra el presidente y su entorno se vuelve cada vez más brutal, no se entiende por qué Sánchez no abraza una oportunidad como esta para sacudirse la llave de judo y conseguir, de paso, una proyección planetaria.

Teniendo en cuenta que el CNI utiliza el software espía israelí Pegasus —y Marruecos también—, teniendo en cuenta, además, que es muy posible que nuestro sistema de información y comunicaciones, tanto en el ámbito civil como militar, dependa de muchas otras soluciones de ciberseguridad fabricadas por Israel, uno podría pensar que esto dibuja algún tipo de límite en clave de extorsión. O quizás la tupida red de intereses económicos que conectan lo armamentístico y lo mediático estén imponiendo algún tipo de límite más local a la acción de Sánchez en esta materia. Pensemos, por ejemplo, que el máximo accionista del grupo Prisa, Joseph Oughourlian, es también uno de los principales accionistas de Indra, la armamentística más grande del país. Por no hablar de que Ángel Escribano es el hombre de Moncloa al frente de Indra al mismo tiempo que fundador, junto a su hermano, de Escribano Mechanical and Engineering (EM&E), una empresa puntera en defensa y seguridad que opera en más de 25 países y cuenta con 1500 trabajadores, que colabora estrechamente con la industria armamentística de Israel y cuya fusión con Indra está estudiando el gobierno para crear un gigante nacional. Por último y teniendo en cuenta la absoluta dependencia del ejército español de la tecnología estadounidense para poder llevar a cabo sus operaciones, no parece descabellado imaginar que otro conjunto de límites duros pueda provenir de ahí.

En estos momentos no sabemos si Sánchez está evitando dejar de comprar armas a Israel porque el Mossad tiene información sensible de inteligencia sobre España, porque los grandes empresarios del armamento podrían activar sus palancas en los medios de comunicación o porque Donald Trump podría dejar nuestros aviones en tierra y nuestros buques militares en la dársena apretando un botón en el Pentágono. Si el motivo para continuar comprando armas a Israel fuera que nuestra soberanía política está intervenida por potencias extranjeras o por multimillonarios locales, hurtar al pueblo español esa información supondría un fraude democrático. Pero supongamos por un momento que estas arriesgadas hipótesis son todas falsas y el motivo fuera otro. Perfectamente podría ocurrir que las razones detrás de la compra de armas no fuesen externas y simplemente estuviésemos asistiendo a una mezcla de hipocresía, cinismo y táctica política. Quizás por eso Sánchez está mintiendo y nos dice que la Tierra es plana y que el gobierno no compra armas a Israel. Porque si lo reconociese, como hace Margarita Robles, nos tendría que responder a la pregunta, nos tendría que explicar por qué y ninguna respuesta es buena.